La clase obrera y el ‘procés’

12/03/2017 01:28 | Actualizado a 12/03/2017 06:53

La posición política de las llamadas clases trabajadoras –el concepto de clase obrera ya lleva algunos años caído en desuso– sobre el procés en Catalunya constituye una de las variables escrutadas con más interés por su importante peso demográfico. Los contornos de ese amplísimo sector se han ido difuminando, a caballo de la transformación de la estructura económica: menos fábricas y más pequeñas; más servicios y más fragmentación profesional de acuerdo con la nueva división del trabajo generada por los cambios tecnológicos y las respuestas a las demandas de los mercados. Y una precarización de su papel.

Las formaciones nacionalistas catalanas han reconocido su escasa penetración en amplias capas de esos sectores y han intentado elevar su influencia, con éxito variable, reforzando sus mensajes y mostrando preocupación por la cuestión social. Los resultados electorales en los barrios obreros de Barcelona y las localidades industriales de su cinturón reflejan un éxito muy limitado. De hecho, en las últimas autonómicas el retroceso de los socialistas, tradicionalmente hegemónicos, dejó paso al inesperado ascenso de Ciudadanos, una especie de relevo coyuntural a la espera de más claridad.

Pero igual que la fábrica ha perdido centralidad en la vida social de tantos barrios y ciudades industriales, la cultura trabajadora ha cambiando sus referentes, los políticos entre ellos. Los trabajadores, sus sindicatos, el llamado movimiento obrero, no han sido como tal colectivo un jugador activo en el procés. Tampoco lo son en términos de la clásica lucha sindical. El año pasado, el número de horas perdidas por huelgas, en toda España, subió un 11%, hasta 11,4 millones. En el 2012, por ejemplo, fueron 40 millones. 116 millones en 1988.

Los sindicatos de clase catalanes se han ido definiendo sobre el procés adoptando sus propias posiciones. Defensores del referéndum, CC.OO. y UGT postulan sin embargo que éste sea acordado y que goce de las máximas garantías. Una posición que les permite defender el llamado derecho a decidir sin adherirse a la independencia de Catalunya o una ruptura que temen pudiera ser traumática. El consenso interno es la premisa de partida, toda vez que no se conocen choques en el seno de ambas organizaciones, aunque existan corrientes organizadas en su seno que sí postulan la independencia. El secretario de CC.OO. de Catalunya, Joan Carles Gallego, ha declarado que la vía del referéndum pactado “da garantías jurídicas y de reconocimiento internacional, y no otras fórmulas unilaterales que están lejos de este apoyo”. Línea similar a la de Camili Ros, su homólogo de UGT y exmilitante de ERC.

Familiares de los trabajadores de Seat durante una visita en la fábrica de Martorell
Familiares de los trabajadores de Seat durante una visita en la fábrica de Martorell (Xavier Gómez)

En el contexto de la celebración de su próximo congreso, la CONC, las CC.OO. de Catalunya, ha puesto en marcha una macroencuesta telemática entre sus afiliados que a buen seguro permitirá conocer algo más la opinión de un sector significativo del mundo laboral.

Según apuntan las primeras informaciones, pendientes aún del tratamiento y la elaboración final, la respuesta ha sido importante. Hasta 9.000 miembros del sindicato han respondido las preguntas, muchos más que los 1.500 que consulta el Centre d’Estudis d’Opinó (CEO) de la Generalitat, o los 2.500 que sondea el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del Estado. Aunque, obviamente, no cabe exigirle al sondeo sindical el mismo rigor científico, es cierto que no hay ningún otro ejercicio de este tipo que ni tan siquiera se acerque a tal número de entrevistados. Y menos referido a un colectivo tan definido. No sirve como indicador electoral, pero sí podría valer como referente de un estado de opinión en un sector social específico.

CC.OO. es el primer sindicato de Catalunya, ha ganado las elecciones sindicales, y asegura contar con 140.000 afiliados (UGT por su parte declara 185.000). Sus integran-tes replican parcialmente el arco de actividades económicas que coexisten en el tejido productivo catalán. Muy fiel, un poco por debajo del 70% que representa en la economía catalana, los afiliados del sector servicios, que agrupa actividades comerciales, atención al ciudadano y funcionarios. Más ponderación industrial, un 32% entre sus afiliados frente al 18% que pesa ese sector según la ocupación en la Encuesta de Población Activa (EPA). Lógico, tanto por su tradición como por la realidad del movimiento sindical en el mundo. Aunque conviene no olvidar que la primera sección sindical de CC.OO. de Catalunya es la de CaixaBank, un banco.

Aunque los responsables de CC.OO. mantienen máxima discreción sobre los resultados, los primeros indicios apuntan a que la independencia queda lejos de la mayoría, se quedaría en torno al 40%, pero en cualquier caso un porcentaje significativo teniendo en cuenta las características del sector consultado. Un porcentaje muy en línea con lo que detectan sondeos como el del CEO.

Sobre la tendencia de voto, los afiliados del sindicato optan mayoritariamente por la izquierda: Comunes, Iniciativa y un PSC desplomado, desde el liderazgo de otra encuesta similar hace varios años hasta un puesto de cola poco lucido ahora, suman más del 50%. Pero, tomados los partidos individualmente, el más votado, por muy poco, sería precisamente ERC.