¿Por qué en septiembre?


13/06/2016 01:09 | Actualizado a 13/06/2016 02:29

El no de la CUP al proyecto de presupuestos presentado por el Govern ha evidenciado que la mayoría parlamentaria que invistió al presidente Puigdemont no existe. En realidad lo ha certificado, porque ya en su última asamblea la CUP se liberó del compromiso de estabilidad, un compromiso nunca respetado, habida cuenta de que la CUP ha votado en 78 ocasiones en contra de JxSí. Pero hasta ahora no había comprometido la estabilidad del Govern. El presupuesto es la ley más importante de cada curso parlamentario y su rechazo siembra dudas sobre la existencia de una mayoría que apoye al gobierno, aunque ello no implique necesariamente su dimisión automática en bloque o la del ministro responsable.

La decisión del presidente Puigdemont anunciando su sometimiento a una cuestión de confianza era ineludible. No podía disolver el Parlament y convocar nuevas elecciones hasta agosto y no podía cesar al ministro responsable del presupuesto, el conseller Junqueras, sin amenazar la supervivencia de la coalición. Pero, ¿por qué esperar a septiembre? Podría argumentarse que es mejor no llevarla a cabo en plena campaña electoral para no interferir en la misma, pero lo que es difícilmente argumentable desde el punto de vista del interés general es que se retrase dos meses. No hay impedimentos jurídicos para que el president Puigdemont pueda someterse a una moción de confianza a partir del 27 de junio.

El problema no es perder la cuestión de confianza, cosa que hará tarde o temprano a menos que JxSí acepte el RUI (referéndum unilateral de independencia) que propone la CUP o que rectifique su hoja de ruta y logre nuevos apoyos. El problema es hacerlo justo ahora. Justo a las puertas de un incierto congreso de refundación de CDC y después de que el 26-J ERC la haya superado ampliamente. Teniendo en cuenta que tras la pérdida de una cuestión de confianza el parlamento no se disuelve automáticamente, sino que un nuevo candidato ha de someterse a la investidura, la victoria de ERC sobre CDC en las generales cobra vital importancia, aunque al igual que sucede después de unas elecciones la cámara se disuelve si transcurridos dos meses desde la primera votación no hay presidente. Ante este posible escenario, Puigdemont prefiere posponer la cuestión de confianza tras su fracaso y el de Mas. Una CDC debilitada y en plena batalla interna no podría seguir reclamando para sí la presidencia ante un Junqueras reforzado y que podría llegar a contar con otros aliados en función del 26-J.

De ahí que retrasar la moción de confianza sólo responda al interés de CDC para ganar tiempo. Idéntica jugada a la de Mas anunciando anticipadamente la disolución anticipada. Tiempo para celebrar su decisivo congreso, para seleccionar a una nueva dirección en la que el propio Puigdemont puede tener un papel decisivo, para diluir la victoria de ERC y para ver cómo se clarifica el panorama en el resto de España. No le quedaba otra, president. Su decisión no es loable y menos si dilata el proceso y los procesos. Sólo se explica porque de momento puede haber ganado hasta febrero.