De foto en foto

14/12/2016 00:00 | Actualizado a 14/12/2016 01:16

El presidente de la Generalitat sostiene que la tramitación de los
presupuestos no tiene nada que ver con el conflicto permanentemente abierto por la CUP, así que los anticapitalistas mantienen generosamente sobre la mesa la demanda de dimisión del conseller de Interior mientras garantizan que la semana que viene no se acabará el proceso soberanista.

El voto estratégico de los cuperos permitirá seguir adelante con los presupuestos pero cuesta imaginar cómo se llegará a la votación definitiva de febrero. El debate que arranca el martes por la tarde ofrecerá a la CUP un altavoz de primera para castigar a Jordi Jané –su comparecencia de hoy será el preámbulo– y la escena se repetirá cuando el conseller tenga que defender el presupuesto de su conselleria en comisión. La lógica dicta que si se pide la dimisión de Jané por “no estar a la altura” –18.000 funcionarios y la seguridad de todos, independentistas y no independentistas, bajo su mando– no hay cadena de confianza que valga y se deberían vetar sus partidas. Las cuentas volverían a la línea de salida y, según Puigdemont, sin presupuestos no hay referéndum.

Pero el president ha optado por evitar el cara a cara y ganar tiempo. La CUP sólo pide gesticular, dicen en Junts pel Sí, así que el Govern impone la conllevancia y, en eso, ERC ejerce de alumno aventajado. El episodio –diputados rompiendo fotos en sede parlamentaria y pintadas de ahorcados dedicadas a Jané y la coordinadora general del PDECat– se salda con otra foto. La de Puigdemont y Oriol Junqueras con un desencajado conseller de Interior, y la portavoz del Consell Executiu advirtiendo de que “no es el momento de pedir dimisiones”.

A la espera de identificar cuándo será ese momento, lo que está claro es que en la CUP ya hacen más ruido los que alimentan la confrontación en busca de una salida al entuerto interno de aliarse con la antigua Convergència. El concejal de Barcelona Josep Garganté se entretiene guillotinando fotos del Rey mientras el diputado Benet Salellas plantea aprovechar las imputaciones cuperas como altavoz independentista.

También en el PDECat bajan las aguas revueltas. Se puede cambiar el nombre, la imagen corporativa y hasta la dirección pero el electorado no muta tan rápido como los acuerdos con la CUP. Los antiguos convergentes pueden ser de repente más independentistas pero no más antisistema. Mientras, Puigdemont se mofa de la operación diálogo y avisa que esto no se arregla con la versión 2.0 del pacto del Majestic. El acuerdo cumplió 20 años y hay quien olvida que Mariano Rajoy es hoy su único superviviente político.