La otra tercera vía

A las listas variadas que propone Junqueras como alternativa a la de Mas podría sumarse otra: la de la calle

Artículos | 16/12/2014 - 00:00h


David González
Barcelona


ERC resolvió ayer el dilema presupuestario sin resolverlo del todo, como viene siendo marca de la casa (por ahí llora la criatura convergente). Por un lado, ha renunciado a presentar una enmienda a la totalidad de los presupuestos para el 2015, lo que facilitará al Govern superar el primer round de la tramitación. De haberlo hecho, como amenazó, podría haber despertado la tentación de algunos grupos de aprovechar que el Ebro pasa por Xerta para tumbar las cuentas. Cosas más raras se han visto por estos lares: en 1995, el año en que Jordi Pujol perdió por primera vez la mayoría absoluta, el socialista Joan Raventós, viejo amigo y rival del president, fue elegido presidente del Parlament mediante un todos contra uno bendecido por Alejo Vidal-Quadras y Àngel Colom. La política hace extrañísimos compañeros de votación. Pero pese al gesto hábilmente vendido ayer por ERC como una oportunidad para el entendimiento Mas-Junqueras, los republicanos presentarán lo que el democristiano Espadaler llamó una "enmienda a la totalidad por entregas": impugnarán todas las secciones de los presupuestos y la ley de Acompañamiento. En resumen, una mano tendida al Govern y la otra en posición de ataque. Nada de cheques en blanco, y, sobre todo, nada que facilite a Mas llevar la legislatura más allá de los próximos dos meses.

Escribo estas líneas después de compartir una comida con amigos y amigas de (casi) todas las sensibilidades del soberanismo. Del vivo debate sobre la marcha del procés, y, más aún, sobre la guerra fría entre Mas y Junqueras apunto dos conclusiones: la primera, que la gente que llenó las urnas de papeletas el 9-N no entiende las hostilidades desatadas entre ambos líderes y la segunda que si no alcanzan un acuerdo antes de los turrones puede que el procés quede para otra generación. Ese es el fantasma que recorre hoy las sobremesas del soberanismo civil y que se puede colar en muchas cenas y comidas de Navidad y Sant Esteve. Por eso no es extraña la presión ambiental que se cierne sobre la ANC y Òmnium, las dos grandes organizaciones que han vehiculado la movilización social soberanista. Ambas llevan inscrita en su ADN la unidad política y civil como motor para construir una Catalunya independiente. Carme Forcadell y Muriel Casals pueden tener un papel central en aproximar a Mas y a Junqueras. Lo asumen y a la vez tienen muy claro que la calle no sustituye a la política. Sin que ello suponga que renuncien a ella. A las listas variadas de Junqueras como alternativa a la lista unitaria de Mas para unas plebiscitarias que el president ve imposibles de celebrar de otro modo podría sumarse otra: la de la calle. Sería el puerto de llegada de los soberanistas que han dado dos pasos hacia atrás para poner el país por delante. O quizá el catalizador de la otra tercera vía que Mas y Junqueras no aciertan a enhebrar.