ANÁLISIS

Votante enojado

  • CDC y ERC compiten por sacar partido del voto independentista indignado por las escuchas en 
  • el Ministerio del Interior. Y el PP espera que el ‘Brexit’ apuntale su mensaje del miedo.
  •  Pero el votante iracundo es imprevisible
Votante enojadoPablo Iglesias jugando al baloncesto (también el deporte favorito de Pedro Sánchez), ayer en Madrid (Angel Díaz / EFE)

 26/06/2016 01:35 | Actualizado a 26/06/2016 08:41

Dos terremotos han sacudido los últimos compases de la campaña: las grabaciones del ministro del Interior y el director de la oficina antifraude catalana y el Brexit.

Para analizar la posible incidencia del primer caso en la votación de hoy nos vamos a remontar a las elecciones del 14 de marzo del 2004. Josep Lluís Carod-Rovira logró el mejor resultado electoral de la historia de ERC hasta entonces. Pasó de 190.000 a más de 600.000 votos y de un escaño en el Congreso a ocho. El líder republicano había dimitido del cargo de vicepresidente de la Generalitat después de que el diario Abc revelara su encuentro con dirigentes de ETA en Perpiñán y decidió desquitarse encabezando la lista a las generales. Lo que el Gobierno de José María Aznar consideraba un desprestigio que acabaría con ERC y hundiría a sus socios, los socialistas, giró como un bumerán y sirvió para que los republicanos dieran su gran salto político. Así pues, no es de extrañar que Oriol Junqueras haya recibido como agua de mayo la revelación de las conspiraciones –infructuosas– para buscar indicios contra su persona por parte del ministro del Interior y el director de la Oficina Antifrau. Junqueras llamó a los votantes a replicar a este “ataque” en las urnas.

Nada más conocerse las inquietantes conversaciones, Artur Mas también compareció para reclamar su papel de víctima principal de “un Estado de matriz franquista”, rodeado del resto de imputados por el 9-N, entre ellos el candidato de CDC en estas elecciones Francesc Homs. Las revelaciones sobre cómo el Gobierno del PP trató de desacreditar al independentismo pueden contribuir a movilizar el voto secesionista, que andaba alicaído a raíz de las peleas con la CUP. Sin embargo, no está nada claro a cuál de las dos opciones independentistas en liza va a beneficiar. Cuando el voto se activa a la contra de algo o alguien, lo hace de forma virulenta y recae en formaciones radicales, así que los republicanos podrían verse más agraciados que los convergentes por la irritación que pueda provocar el caso de las escuchas en el Ministerio del Interior. Tampoco ayuda a CDC el hecho de que el jefe de Antifrau fuera designado a propuesta del president o el papel del exconseller Germà Gordó, citado en las conversaciones como posible relevo –“se deja querer”, se escucha– de Mas para frenar el proceso soberanista.

Sin embargo, cuando aflora el lado oscuro del alma de la política pueden activarse otros resortes inesperados. El descrédito institucional –como el que revela el turbio asunto de las conversaciones entre J oy Daniel de Alfonso– es el terreno en el que ha recogido más frutos En Comú Podem. Es posible que, en este caso, la reacción vaya por barrios y, mientras en las comarcas esa indignación se canalice hacia ERC, en el área metropolitana de Barcelona sean los comunes de Ada Colau quienes atraigan el voto hastiado de que la política y las instituciones se utilicen de forma torticera. Si el asunto de las escuchas aporta argumentos al votante independentista para romper con un Estado que permite tales despropósitos, otros electores indignados por los mismos hechos pueden concluir que tales males no se desvanecerán con la independencia, dado que aquejan igualmente a un órgano, como la Oficina Antifrau, creado por las instituciones catalanas precisamente para combatir malas prácticas.

Así pues, si el voto de protesta ya estaba lo suficientemente caldeado tras años de crisis y la guinda de una repetición electoral, un escándalo político en plena campaña puede movilizarlo más, aunque la repercusión de este caso se haya ceñido sobre todo a Catalunya. Sin embargo, las últimas horas también han estado marcadas por el Brexit. La política internacional no suele influir en unas elecciones generales, pero el PP espera que las incertidumbres abiertas a raíz del adiós de Gran Bretaña a la UE contribuyan a afianzar su discurso del miedo a los populismos y apuntalar el voto útil conservador. Pero si algo demuestra el resultado del referéndum en el Reino Unido es que la reacción del elector iracundo es impredecible. Los británicos no han votado movidos por razonamientos y cálculos habituales, sino por las emociones. Veremos cuál es el impulso que predomina en este 26-J.