'Odi et amo'

Artículos | 29/08/2015 - 00:00h


Antoni Puigverd


Unos célebres versos del poeta Catulo nos recuerdan que el corazón humano es un potaje en el que el odio y el amor se mezclan. Estas dos pasiones forman una alianza destructora en el ánimo del poeta que, dirigiéndose a la voluble Lesbia, escribe: "Odio y amo. Quizás te interese saber por qué. / No lo sé. Pero siento que es así. Y eso me atormenta". Mucha gente vive, entre nosotros, estados de ánimo similares, pero no pensando en su pareja, sino en Catalunya y España.

No soy muy partidario de relacionar el amor y el odio de las parejas con el amor y el odio políticos, aunque la metáfora del divorcio ha sido la más utilizada durante estos años por los soberanistas (película de Isona Passola incluida). El derecho a la independencia sería como el derecho a separarte del cónyuge a quien no amas o por quien no te sientes amado. Si no soy partidario de este tipo de metáforas, es porque las vivencias individuales sólo son trasladables a emociones colectivas cuando el individuo confunde su personalidad autónoma con la del grupo y se funde con el rebaño. Ciertamente, los actosy las leyes de un Estado como el español pueden perjudicar, y de hecho perju­dican a menudo, a los intereses de muchos catalanes, de su cultura y de suterritorio. Ahora bien, es intelectual­mente abusivo convertir estos errores (intencionados o no) en un todo: como si los españoles fueran un solo hombre y no tuvieran otra cosa en la cabezaque causar daño a los catalanes (a la manera de los machos violentos con las mujeres, a quienes consideran de su propiedad).

Sin duda, hay más nacionalismo (es decir: conversión de los ciudadanos en masa gregaria y emotiva) en la tradición española que en la catalana. Valgan como ejemplo no exhaustivo de lo que acabo de decir las dictaduras de Primo de Rivera y de Franco, que, además de imponer la España unitaria a golpes, la inocularon en el corazón de los españoles (una parte de los cuales todavía vive). Quiero decir con esto que la idea de España que muchos españoles asumen (incluidos juristas de alto nivel e intelectuales pretendidamente universalistas) es hija de las emociones, los discursos, la enseñanza y los tópicos que recibieron en época de Franco, sea directamente, sea a través de la narración familiar. En resumen: si bien es cierto que el nacionalismo catalán imperante es una inflamación colectiva y gregaria, la respuesta que recibe también lo es (con el agravante de que, a pesar de haber sido el nacionalismo español tan trágico, ahora no se reconoce como tal).

Existen muchas sensibilidades en España y también muchas en Catalu­nya (tantas como individuos autónomos hay), pero hemos estado discutiendo durante muchos años como si, efectivamente, fuéramos solamente dos: un hombre posesivo y una mujer dominada. Un hombre que confunde o mezcla el amor con el odio. La lógica de la pareja en disputa se ha impuesto, la democracia se ha comprimido y la política ha desembocado en esta peligrosa batalla de sentimientos.