Después de la batalla


28/12/2017 23:52 | Actualizado a 29/12/2017 01:02

Desde que el opaco Jorge Fernández Díaz habló de fractura familiar navideña a causa del proceso, la afirmación se ha fosilizado como gran éxito del repertorio que describe un colapso civil en perpetua mutación. Que la campaña del 21-D haya coincidido con la previa navideña ha consolidado este tópico. Por eso tenía una gran curiosidad por ver qué pasaría el 25 y el 26. A toro pasado, he hecho una encuesta en la que, sumando mi experiencia y la de las personas entrevistadas (siete en total, todas con derecho al voto) puedo afirmar que el peligro de fractura ha sido sabia y eficazmente combatido por una mayoría absoluta de familias.

El tópico de la fractura parte de un supuesto de alta politización y, al mismo tiempo, de diversidad ideológica. Basado en hechos reales, esboza un mismo contexto de intransigencia fratricida. Pero, según la encuesta del prestigioso IMPPLP (Instituto Metroscópico Pàmies Por la Patilla), el universo azuzado por intereses electorales o un intento en transformar en categórico lo que sólo es minoritario no responde a la realidad. Me explico: en muchos domicilios no existe diversidad ideológica. Por azar, cultura política, indiferencia o lealtad hereditaria, todos están de acuerdo y son unánimemente independentistas o no independentistas (quien acepte adjetivos como unionista o españolista, allá él). Este porcentaje de familias ya ocuparía una parte relevante de un hipotético parlamento de agravios familiares. Otro grupo es el de familias en las que, precisamente por una tradición consolidada de alta diversidad ideológica, las discrepancias nunca son un problema. Es verdad que este año se han tenido que tensar más las musculaturas de la concordia, evitando sarcasmos que en otros tiempos estaban felizmente admitidos. Pero el espíritu navideño se ha impuesto y ha permitido mantener un criterio soportable de prioridades.

Con respecto a la intransigencia, a los fabricantes de propaganda les conviene apelar a unas comidas navideñas inflamadas de fanatismo. Y no son ninguna fantasía porque, en efecto, hay gente que encuentra en el independentismo o el no independentismo la excusa perfecta para desarrollar su vocación sectaria y su talento para el mal rollo. Pero los datos del IMPPLP son concluyentes: la mayoría de independentistas y no independentistas han sido perfectamente capaces de convivir durante unas horas en un clima de cordialidad, evitando la fácil combustión de los hiperventilados. Así que, teniendo en cuenta que el fantasma de la fractura familiar se impondrá como un peligroso lugar común con vaya usted a saber qué intenciones inmovilistas o audaces, tengamos en cuenta nuestra experiencia o la de nuestro entorno como antídoto contra una dramatización inducida de la intransigencia que intenta tapar el auténtico drama: pasan los años y los gobiernos implicados siguen sin tomar ninguna medida susceptible de solucionar los problemas de todos.