El ‘tema’ sobre la mesa

01/07/2018 02:47 | Actualizado a 01/07/2018 03:45

La consellera de Presidència envió el martes al Ministerio de Política Territorial una propuesta de orden del día para la reunión entre Pedro Sánchez y Quim Torra. No hay respuesta pero Elsa Artadi está dispuesta a reunirse con Meritxell Batet la próxima semana para fijar los términos de la reunión al igual que la ministra hizo con Josu Erkoreka. No obstante, el encuentro entre presidentes dista mucho de seguir el pragmatismo vasco.

El primer contacto directo entre el Gobierno de Sánchez y Torra en el Smithsonian Folklife Festival acabó con los protagonistas mudos y distantes. Lo que debía ser una oportunidad para la cultura catalana se convirtió en una oportunidad para internacionalizar el conflicto. El president la aprovechó y el embajador Pedro Morenés recogió el guante. ¿Resultado? Desasosiego entre los organizadores y diez asientos de por medio (ocupados por la la delegación Armenia) entre el president y el embajador.

El punto de partida de Sánchez y Torra es la contradicción en sus discursos y la desconfianza de sus entornos. “Diálogo sin condiciones” pero sometido a sus propias líneas rojas. Sánchez no puede moverse de la Constitución y siente en el cogote el aliento de su partido con cada gesto con Catalunya. Torra necesita poner el tema sobre la mesa, un referéndum de autodeterminación con o sin reforma de la Constitución, la violencia policial el 1-O y hasta del papel del Rey. En el documento remitido a la ministra Batet incluso sobrevuelan medidas para la “derogación real” del franquismo: la reconversión del Valle de los Caídos y poner fin a las subvenciones públicas a la Fundación Francisco Franco.

El presidente de la Generalitat se siente cómodo en el terreno de la gesticulación. Es el dibujado por Carles Puigdemont, desde Alemania. Pero el cargo también incluye decidir cuántas oportunidades de distensión se pueden perder hasta alcanzar una resolución al conflicto que satisfaga al independentismo. Más aún cuando el calendario se fija a largo plazo.

Días después de la declaración fallida de independencia, uno de los integrantes del Estado Mayor del proceso confesaba sin ruborizarse que la pugna duraría una década. Pedro Sánchez admitió la semana pasada que no habrá una solución en cinco, seis o más años… Es ahí donde encajan los reproches de Oriol Junqueras desde la cárcel: “Menos ruido y más eficiencia”.

El líder de ERC está a punto de ser trasladado a Brians II. Acercar a los presos no es liberarlos, pero sus familias ya no contarán las visitas por miles de kilómetros. Es evidente que la situación penitenciaria de los líderes del proceso no puede ser objeto de negociación política, y que, a la práctica, Sánchez no hace más que cumplir la ley. Pero el presidente del Gobierno está dispuesto a jugarse su autoridad, al mismo tiempo que Junqueras reivindica la suya frente a Torra y Puigdemont. Y eso ya es tener “el tema” sobre la mesa.