Salmond y Macron

01/01/2018 23:29

Ahora que ya hemos pasado el momento naíf, podemos recordar una obviedad: no hay proyecto sin liderazgo. Estos días, está en juego el liderazgo de un movimiento europeo que mueve a más de dos millones de personas y que se ha mostrado bastante impermeable a los discursos catastróficos y al cuento del lobo. Por eso, las negociaciones embrolladas sobre la investidura del president son el campo de pruebas de la reconfiguración estratégica y organizativa del nuevo independentismo. El toma y daca sobre investir a Puigdemont o Junqueras es sólo la punta del iceberg.

ERC quería aprovechar el 21-D para certificar su hegemonía en el campo independentista y no ha podido ser. El PDECat quería salvar los trastos en un contexto adverso y la determinación de Puigdemont lo ha convertido en un objeto político no identificado (OPNI), en beneficio de un nuevo artefacto llamado JxCat, donde los dirigentes neoconvergentes no mandan. Ni unos ni otros tienen lo que querían en términos partidistas, aunque han conseguido una mayoría clara que les obliga a hacer Govern, trabajar juntos y repensar todo lo que han hecho. Junqueras está en la cárcel y Puigdemont en Bruselas, y todavía no ha dicho lo que tiene intención de hacer. Una investidura desde la distancia es más que improbable.

Los tribunales españoles tienen el interruptor del liderazgo del independentismo. Vivimos una doble realidad: se han celebrado elecciones convocadas por Rajoy y aceptadas por los independentistas y, a la vez, los poderes del Estado mantienen y amplían la causa contra todos los considerados sospechosos. El plan del candidato Puigdemont partía del supuesto de que un buen resultado forzaría la negociación política con Madrid, y que eso detendría la maquinaria judicial. El plan ha fallado y todo el mundo sabe que no sería inteligente un bloqueo para ir a nuevos comicios. Por lo tanto, toca investir a otro, y toca transformar el relato en función del escenario que acabe eligiendo el líder de JxCat: la cárcel o Bruselas.

ERC y JxCat se parecen mucho. Su éxito compartido el 21-D hace pensar que no están equivocados los que argumentan que, en el medio plazo, todo pasa por construir la versión catalana del SNP de Alex Salmond, salvando las distancias. El independentismo escocés está articulado en un solo partido de centro-izquierda y en Catalunya nadie quiere ser de derechas, y menos en el soberanismo. Estrategas de Junqueras lo tienen en mente y estrategas de Puigdemont –que no del PDECat– hacen un análisis coincidente, inspirados –a veces– en la plataforma de Macron. La confluencia será inevitable y sustituirá la competición enfermiza. ¿Con qué marca? Alguien próximo a Puigdemont me explica que ERC tiene más ventajas. ¿Con qué líder? Quizás ni Junqueras ni Puigdemont, digo yo. Quizás alguien –ahora invisible– que sepa ser Salmond y Macron a la vez. Y un poco Pujol y Maragall, de paso.