Cambio de rasante en el independentismo

Editorial | 03/05/2015 - 00:00h


Las principales conclusiones que se pueden extraer de la encuesta publicada ayer y hoy en La Vanguardia son tres: se percibe un cambio de rasante en la propuesta independentista, ya que, por vez primera desde el 2012, el no adelanta al sí; las perspectivas electorales en Catalunya dibujan un escenario en el que los partidos tradicionales retroceden de forma clara, fracasa Podemos y emergen con fuerza Ciutadans y la CUP, con el resultado de un Parlament calidoscópico que dificultará la gobernabilidad tanto por el eje soberanista como por el ideológico, con unos matices que habrá que analizar a fondo; y la tercera conclusión es que los catalanes exigen de los partidos una actuación mucho más democrática, participativa y diáfana en sus propuestas.

La primera cuestión que plantea el sondeo es si realmente el independentismo pierde fuelle. El hecho de que por vez primera en los últimos años los partidarios de seguir en España superen a los que propugnan la separación se debe básicamente a la movilización de los que se oponen a la independencia, mientras que los defensores de esta parecen haber tocado techo. De hecho, desde la consulta del 9-N, los partidarios del sí-sí están estancados, mientras que el no escala posiciones. Esta parálisis puede deberse tanto a las diferencias políticas surgidas en el seno del independentismo por intereses electorales como a las incógnitas que proyecta la hoja de ruta, tanto en el camino que seguir como en el temor a una declaración unilateral de independencia de consecuencias imprevisibles. Sin duda, los no independentistas -en sus distintas facetas- se aprovechan de aquella confusión y de este miedo, aunque el independentismo sigue gozando de unos apoyos más que notables.

La segunda conclusión del sondeo es el escenario electoral que proyecta. El derrumbe de los partidos clásicos es evidente. Entre CiU, PSC, PP e ICV pueden perder casi cuarenta escaños, que recogen especialmente Ciutadans y la CUP, mientras ERC sube mucho menos de lo que las expectativas de hace un año presagiaban y Podemos se queda en un más que evidente fracaso. El independentismo no logra la mayoría en votos y, en escaños, precisaría el apoyo de la CUP en un matrimonio ideológico poco menos que imposible. Está claro que el malestar por la crisis, los recortes y la corrupción marca el paso de los electores. Con algunos matices. El partido del presidente Mas, que puede perder hasta 15 escaños, sin embargo resiste en primer lugar, destacado, mientras que PSC y PP se hunden para pasar a ser el cuarto y el sexto grupo en el hemiciclo respectivamente, con el significativo hecho de que los populares pueden ser superados por la CUP. Un castigo sobre el que deberán reflexionar. Por supuesto, de confirmarse estos resultados, la gobernabilidad en Catalunya será un rompecabezas.

Finalmente, la tercera conclusión es que los catalanes exigen a los políticos una actuación profundamente democrática, transparente, participativa y con propuestas bien claras y definidas. Por ejemplo, la mayoría pide que el proceso para la independencia, de seguir adelante, se apoye en una mayoría reforzada de dos tercios del Parlament y que supere como mínimo el 50% de los votos. O el rechazo que provoca la hoja de ruta, por su inconcreción y sus ambigüedades. Pero sigue siendo una potente mayoría, casi el 80%, los que exigen un referéndum para decidir el futuro de Catalunya. Que todos lo tengan bien presente.