EDITORIAL

Clima de distensión

05/07/2018 00:40 | Actualizado a 05/07/2018 03:06

PEDRO Sánchez, presidente del Gobierno español, recibirá el lunes a Quim Torra, presidente de la Generalitat. Durante los últimos tiempos el desencuentro entre el Govern de mayoría independentista y el Estado ha sido tan sostenido que esta entrevista ha generado extraordinaria expectativa. Cuando lo deseable sería que las relaciones entre ambos interlocutores fueran ordinarias y periódicas. Porque no es obligatorio –ni previsible– estar de acuerdo en todo. Pero sí lo es mantener el diálogo para resolver o atenuar los problemas y las diferencias.

Es sabido que en tiempos del gobierno del Partido Popular estos encuentros a dos bandas no dieron gran resultado. Hubo entonces contactos, pero a medida que pasó el tiempo fueron decayendo y a la postre extinguiéndose, dando pie a una situación tan extraña como absurda, en la que los distintos estamentos institucionales, en lugar de colaborar, se enfrentaban.

La llegada de Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno ha hecho posible la apertura de una nueva etapa. En el mes que lleva gobernando, el PSOE ha prodigado gestos de acercamiento, acaso más que la Generalitat. El president Torra ha dado más la sensación de no perder una ocasión para expresar e incluso subrayar las diferencias. Y ha mantenido un discurso en el que se alternaban las llamadas al diálogo con la enumeración de objetivos irrenunciables, resumidos en el logro de una república catalana, concepto al que ahora se recurre para referirse a la independencia.

Ahora bien, en las últimas horas hemos apreciado gestos de distensión prometedores. Desde ayer están en cárceles catalanas la mayoría de los políticos en régimen de prisión preventiva por su papel en la intentona secesionista. Hemos dicho otras veces que en libertad estarían mucho mejor que en la cárcel, aunque sea una cárcel catalana, al menos mientras no haya sentencia para sus presuntos delitos. Y también que por mucho que el valor de un gesto sea limitado, no todos los gobiernos realizan los mismos gestos, y que el del PP no los prodigó. Si a esto añadimos las palabras, anteayer, de la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, anunciando un diálogo sin cortapisas, en el que no quedan asuntos excluidos a priori, deberemos reconocer que el Gobierno de Sánchez está haciendo los deberes. También Quim Torra quiso contribuir a allanar el camino hacia la entrevista del lunes. Desde el Govern se dio la bienvenida al “diálogo sin cortapisas” y se designaron representantes de la Generalitat en la comisión bilateral con el Estado. Ayer, en una declaración institucional , dijo estar dispuesto a “hacer política”. Todos estos signos de distensión son positivos.

Quizás la reunión del lunes no termine con un gran “acuerdo político”, y tampoco con uno satisfactorio para ambas partes. Menos aún, con victoria decisiva para ninguna de ellas. Eso sería mucho pedir. Nosotros nos conformamos con menos, con que las dos partes hablen, se escuchen y se respeten, sin urgencias ni condiciones sine qua non. Esa es la mejor garantía de que el diálogo puede tener continuidad y de que algún día dará frutos. En los últimos años, hemos retrocedido mucho en términos de convivencia. De lo que se trata ahora no es de resolverlo todo de golpe, como por ensalmo, sino de ir sentando las bases de un futuro mejor. Y para ello es imprescindible que las partes olviden o releguen los agravios, que sean constructivas y que nunca olviden la atención a las necesidades cotidianas del país.