“Bellum se ipsum alet”

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05/09/2018 00:23 | Actualizado a 05/09/2018 02:58

Los irreductibles están preparando la madre de todas las batallas. El sector independentista que lidera Puigdemont se propone repetir el enfrentamiento en la calle entre las fuerzas del Estado y la población civil. Repetición del uno de octubre con un matiz final: la masa pacífica no abandonaría la calle, a pesar del asedio de las fuerzas del Estado, a fin de suscitar la intervención arbitral de Europa. He ahí la reposición, aunque con acentos más dramáticos, del cuento de la lechera que ya se prometió el año pasado.

La visión de ERC es muy diferente. Han asumido los límites sociales y electorales del proceso y, sin renunciar al objetivo de la independencia, quieren normalizar la situación política, para gobernar la Generalitat de forma convencional, buscar pactos de todo tipo en el Parlament y en Madrid, e intentar ampliar la base del independentismo. Sin embargo, el lenguaje que utilizan los líderes no encarcelados de ERC, empezando por el vicepresident Aragonès, es ambiguo. Retóricamente, no pueden renunciar a la estrategia de la tensión por dos razones: más allá de las buenas palabras, no encuentran apoyos claros en Madrid para su estrategia moderada; y el pressing mediático de los sectores irredentistas duele y asusta.

Desde la perspectiva de Madrid, sería inteligente favorecer el diagnóstico de ERC. Pero el gobierno de Sánchez es muy débil. Rivera y Casado necesitan provocar el naufragio de la frágil mayoría que le apoyó; y el flanco catalán es el más fácil y barato de atacar. Por otro lado, la vía judicial sigue su curso implacable y se da por hecho que la sentencia será durísima, sean cuales sean las pruebas de la defensa. Seleccionada la cúpula judicial desde los tiempos de Aznar con connotaciones muy precisas, los jueces actúan como encarnación de una idea de Estado. Impondrán una sentencia ejemplar. Un escarmiento que favorecerá, de rebote, la respuesta tremendista catalana.

El irredentismo catalán ha planificado unos meses de calentamiento (11-S, 1-O) para preparar la respuesta al juicio de los presos; y los dos partidos de la derecha española confían en que esta lógica permita enterrar el Gobierno Sánchez y eternizar (como ya han insinuado Casado y Rivera) el 155 en la política catalana. Los extremos coinciden en la cronificación del conflicto.

¿Hay salidas al laberinto? No están ni siquiera esbozadas, pero las hay. Una de ellas sería preparar una cura política a la previsible condena judicial. Habría que prepararla explícitamente: para favorecer desde este momento la consolidación del pragmatismo. Si en los próximos meses, el Gobierno central, el Consejo de Estado y el Rey no consiguen promover una salida pactada y mutuamente concesiva, no habrá otra oportunidad. Existe, tanto en Catalunya como en España, una mezcla de fatiga, incredulidad y estupor: “¡No podemos continuar más así!”, se dice. Pero el centro político, que podría articular un giro positivo, es muy débil. Y muy fuertes los agitadores de cada extremo. “La guerra se alimenta de sí misma” (T. Livio: Ab urbe condita XXXIV, 9).