El discurso

05/09/2018 00:33 | Actualizado a 05/09/2018 02:59

La primera consideración no es política: es un discurso con carga literaria, y aunque la literatura no connota las prosaicas acciones de un gobierno, siempre es una excelente noticia que detrás de una presidencia haya alguien que domina la música de las ­palabras. Al fin y al cabo, la buena escritura acaricia el verbo áspero de la política.

Pero más allá del buen tino literario, la importancia del discurso del president Torra en el Teatre Nacional radica en los conceptos emitidos y su significado. Estamos ante el primer gran acto político después del largo invierno del 155, y, en consecuencia, en la apertura del ciclo nacional que encara Catalunya. Se trata, pues, de un texto de gran relevancia que alimentará análisis y especulaciones de todo tipo, aparte de inspirar las inevitables reacciones políticos. Es un discurso-marco, lleno de ideas-fuerza que, más allá de la coyuntura, pretende inspirar los próximos meses, y que marcará tanto la relación de Catalunya con España, como la propia vida interior del soberanismo. En realidad, es el discurso de un presidente que, a la vez, es ideólogo y activista.

La primera idea-fuerza connota las otras: Torra está abierto al diálogo, cree (como la gran mayoría de catalanes) en el arte de la negociación y está dispuesto a transitar todos los puentes aéreos que queden abiertos. Pero con una premisa que deja meridianamente clara: el derecho de autodeterminación es innegociable, no aceptará ninguna rebaja surrealista (estilo consultas de autogobierno) y sólo pactará un referéndum acordado por las dos partes y vinculante. Es decir, sin renunciar al diálogo cotidiano, ninguna posibilidad de pactar a la baja el mandato del uno de octubre. Esta primera premisa se suma otra igualmente relevante y rotunda: no aceptará ninguna sentencia inculpatoria de los líderes políticos catalanes. Y no sólo no aceptará, sino que planteará al Parlament las iniciativas que se deriven. Iniciativas que, a estas alturas, quedan en nebulosa, tal vez por aquello que ya transitará por ese puente cuando se llegue, si se llega. Finalmente, como tercer eje, la voluntad de iniciar una marcha por los derechos civiles, sociales y nacionales de Catalunya, recogiendo simbólicamente la antorcha de la mítica marcha por los derechos civiles de Luther King. Una marcha, cuyos actos empezarán el día de inicio de los juicios, y culminará con la marcha multitudinaria después de la sentencia. Finalmente, la inequívoca voluntad de crear otro momentum republicano en su legislatura.

En resumen, mandato del uno de octubre, determinación en el derecho a la libertad del pueblo catalán –“libertad o libertad”–, con marcha ciudadana incluida, y negación de cualquier sentencia inculpatoria. Una prosa literaria, pues, al servicio de un compromiso nacional inequívoco. La estrategia está definida, la táctica la marcará el calendario caliente que se acerca.