De los discursos a las urnas

07/05/2017 01:47 | Actualizado a 07/05/2017 03:06

Existe cierta unanimidad en el mando conjunto del proceso soberanista de que les toca lidiar con dos problemas de fondo: la credibilidad y el cansancio. El segundo no genera grandes inquietudes. El suflé independentista no baja, como pretende imaginar el Gobierno de Mariano Rajoy, simplemente reposa antes de ser servido. Quienes durante años han ido desconectando intelectual y sentimentalmente del Estado español también lo han hecho últimamente de eso que llaman procesismo pero, cual agentes durmientes – Catalans, un spin off para los seriéfilos–, se movilizarán en cuanto se toque a rebato. “Cuando haya que votar, se irá a votar. Ya avisarán”. Lo que de verdad comenzaba a alarmar en las últimas semanas en el Palau de la Generalitat eran los desajustes, tropiezos y errores de bulto de origen partidista que minan la credibilidad del Govern en torno a su compromiso con el referéndum y alimentan un ambiente preelectoral.

La Semana Santa trágica en la relación entre ERC y el PDECat, con grabaciones y amenazas de denuncia en la Fiscalía, acabó con la intervención fuera de focos del president Puigdemont y su vicepresidente Junqueras. El terreno de juego se ha ido estrechando y el calendario no permite ya nuevas frivolidades a cuenta de las necesidades de las estructuras de los partidos. Caixa o faixa, se preguntaron. Decantado el conflicto a favor del referéndum, Puigdemont y Junqueras se reúnen cada dos días y han dado contenido a su conjura por la consulta, trasladándola a consellers y altos cargos. Otra cosa es que como herencia de la desconfianza mutua muchos conocieran el texto que asumían solemnemente en el Pati dels Tarongers poco antes de rubricar la hipoteca de su carrera profesional.

Ahora el Govern puede prometer más alto pero no más claro que su intención es poner las urnas a finales de septiembre, pero el discurso no sirve de anclaje para la mayoría soberanista si no va acompañada de hechos. Y a falta de hechos, lo que hay son acciones dentro del marco competencial de la Generalitat. Se publicó un acuerdo marco para el suministro de material para unas elecciones al Parlament y ahora otro para proveer urnas para procesos electorales y consultas. A diferencia de Junqueras, en ambos casos, la consellera de Governació ha evitado relacionar la previsión de gasto con el referéndum e incluso ha situado el fin proceso de homologación de empresas en el mes de junio. Por si la CUP tenía prisa.

Que Catalunya no disponga de urnas propias –en los almacenes de la Generalitat hay unas 200 que presta a través de la web con la condición de que se devuelvan limpias– no es más anomalía que la de carecer de ley electoral y regirse por una disposición transitoria desde hace más de treinta años. Las ofertas en el mercado no son muchas, cuando se estudió en el 2014 la compra de urnas de metacrilato sólo había tres empresas homologadas en todo el Estado. Eso sí, facilitará mucho la tarea intimidatoria que la Fiscalía ha puesto ya en marcha sobre los proveedores informáticos. Aviso para cuando se pase del DOGC a los hechos.