El encuentro

07/07/2018 00:45 | Actualizado a 07/07/2018 03:41

Desde tiempos bíblicos sabemos que la palabra vence a la espada. De hecho, es tan poderosa que Cicerón aseguraba que no hay nada, por inaudito que sea, que la oratoria no pueda convertir en aceptable. Que se lo digan a Catilina, cuya conjura fue descubierta gracias a la buena oratoria del mismo Cicerón. Por cierto, y como pequeña confesión, pocos discursos me han ­impresionado tanto (a excepción de algunos de Churchill), que las cuatro catilinarias de Cicerón: pura poesía de la política.

La palabra, pues, como constructora de como artesana de encuentros y sanadora de malentendidos, incluso aunque fuera cierta la afirmación de Goethe de que ponemos palabras allí donde no tenemos ideas. Incluso así, bienvenida la palabra. Especialmente este lunes en que el encuentro entre dos presidentes romperá el círculo infernal de silencio que nos ha acom­pañado los últimos años. Rajoy decidió no hablar con los líderes catalanes, y el muro de incomprensión mutuo se hizo más alto y más pétreo, hasta el punto de convertirnos en islas aisladas sin puentes para atravesar. Los años os­curos del PP nos han traído muchas maldades, pero una de las más negras es la negación de la palabra, ergo, el ahogo absoluto de la política. Rajoy fue un destructor de gramáticas, convencido (para desgracia de Unamuno) de que forzar y dominar era mejor que convencer.

El lunes se romperá, pues, un mutismo asfixiante que ha durado años, y ­este solo hecho cambia el paradigma político tanto en Catalunya como en España. El mínimo realismo no permite optimismo con respecto a los acuerdos, o las sintonías, pero la gran virtud del encuentro entre Torra y Sánchez es, justamente, que se produce. Es cierto que llega con la pirotecnia de Borrell, decidido a ser el ángel exterminador del independentismo, y que su verbo incendiario responde a la ­estrategia del propio Pedro Sánchez, que sabía muy bien qué significaba ­poner a un pirómano en la cartera de Exteriores.

Pero también desde Catalunya lo recibimos con la pirotecnia de la declaración de ruptura que se aprobó el jueves en el Parlament, de manera que todo el mundo sitúa las piezas de ataque en el mostrador antes de iniciar la partida. Lo que es importante, sin embargo, es que ambos jugadores se sentarán en la mesa y el juego de la política empezará. No mucho más que eso, pero más de la nada que hemos tenido hasta ahora. Y a excepción de los hooligans y de los destructores, nadie puede estar en contra de que los políticos hablen.

¿Al fin y al cabo, qué tiene que ser la política, sino el arte de deshacer nudos, cuando la madeja está endemoniadamente liada? Es cierto que a menudo hace justamente lo contrario, y crea nudos allí donde no había, pero un poco de palabra calma, en un conflicto que sólo ha sufrido ruido estridente, es un bálsamo para todos. Bienvenido, pues, el encuentro del lunes, aunque sólo sea porque se habrá producido.