Ataraxia republicana


08/01/2017 01:06 | Actualizado a 08/01/2017 03:18

“Ataraxia. Nosotros, ataraxia”. Así definen en ERC el actual estado vital del partido, con un líder encarnando al hombre impasible en pleno esprint soberanista. El otro hombre impasible, porque el título primigenio en política es de Mariano Rajoy de la mano de un libro del 2011 de Graciano Palomo. Oriol Junqueras hace sus planes y si las cosas no salen como prevé el cuartel general de los republicanos, es capaz de hacer virar a todo el partido en tiempo récord sin que nadie se salga del guión reescrito. Junqueras quiso elecciones en marzo del 2015 y Artur Mas lo alargó hasta septiembre; abominaba de una lista unitaria y acabó de 5 en Junts pel Sí. Y silencio en ERC. También fuera. El julio pasado, Carles Puigdemont sorprendió con una cuestión de confianza y no hubo aspavientos por la sorpresa; en septiembre, encargó a su vicepresidente la organización del referéndum y todavía es hora que Junqueras se encuentre en un aprieto por el tenim pressa con el que la CUP somete a la antigua Convergència. Es el éxito del junquerismo al margen de las urnas.

La imperturbabilidad de ERC no la alimenta la situación privilegiada que le conceden todas las encuestas gracias a la nueva centralidad del soberanismo más o menos de izquierdas; si no, sobre todo, la incapacidad manifiesta de los socios y contrincantes políticos. La reconstrucción del espacio convergente, ahora anclado en el independentismo, es una tarea para la que hay base en la nueva dirección pero no líder electoral. El paso al lado de Artur Mas no debería convertirse ahora en un paso al frente, y la tendencia de Carles Puigdemont a dar un paso atrás es incontrolable para la joven ejecutiva del PDECat. Por el flanco izquierdo, la niebla sigue sobre el horizonte de los comunes. La estrella de Ada Colau ha demostrado que no es suficiente para aglutinar una mayoría que desborde el área metropolitana de Barcelona y la pregunta es si el barómetro municipal emite signos de estancamiento en el proyecto del cambio en la capital catalana.

La alianza táctica de fin de año entre Puigdemont y la alcaldesa por el referéndum pactado tiene fecha de caducidad y ERC observa serenamente cómo el escenario alternativo al independentismo que dibujan los comunes se derrumba con cada paso del Gobierno del PP. Tampoco la batalla por el poder en Podemos entre Pablo Igleisas e Íñigo Errejón ayuda a consolidar el espacio de confluencia de las izquierdas catalanas.

Mientras, Junqueras ha aprendido que es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, que el ruido no ayuda a forjar su alternativa como pal de paller en Catalunya, y que sale más a cuenta dotar de normalidad la aspiración independentista que convertir el independentismo en una performance continua con farolillos, estelades subiendo y bajando y quema de fotos. El presidente de ERC gestiona con cuentagotas sus intervenciones públicas, habla poco de referéndums y mucho de políticas sociales. Con el flanco del discurso soberanista cubierto, Junqueras no descuida la izquierda. Sabe que todos los caminos hacia un Govern pasan ahora por ERC. Con o sin referéndum.