Política

Depenem de nosaltres

Edición impresa Política | 08/04/2015 - 00:00h


El 8 de abril del 2014, hoy hace justamente un año, Joan Herrera, Marta Rovira y yo mismo defendimos en el Congreso de los Diputados el traspaso de competencias para convocar un referéndum consultivo sobre el futuro político de Catalunya.

Hoy, un año después, seguimos, como dijimos, en un camino sin retorno. Es evidente que habríamos preferido contar votos con un referéndum y que finalmente contaremos diputados surgidos de los votos de las urnas, pero, en definitiva, votaremos y decidiremos, que de eso es de lo que se trata. Las elecciones del 27 de septiembre son el verdadero punto de inflexión de un proceso que hasta día de hoy ha conseguido avanzar a pesar de las viscerales hostilidades y negativas de los poderes españoles: desde el ahogo financiero deliberado de las arcas públicas catalanas, hasta la sentencia del Tribunal Constitucional prohibiendo nuestro derecho a expresarnos libremente, pasando por las querellas interpuestas contra el mismo presidente Mas y miembros de su gobierno.

Destaco estos episodios -y obvio una infinidad, está claro- para poner en valor la determinación de las fuerzas cívicas, institucionales y políticas, que durante todo este tiempo han encabezado este movimiento de afirmación que -con todos los matices necesarios- entiende que el cambio de estatus político de Catalunya es la única solución que disponemos para garantizar el futuro de nuestro progreso y bienestar en todos los ámbitos.

Es en este sentido que querría resaltar lo que, a mi entender, es la rótula sobre la cual pivota buena parte del proceso: el matiz por el acuerdo. Pero, del mismo modo que es un instrumento vertebrador e impulsor de acuerdos, según cómo lo gestionamos, puede acabar convirtiéndose en un obstáculo . Ante un reto tan ingente como el que afronta Catalunya el 27-S, perdernos en discusiones sobre detalles o seguir con el marco mental de unas elecciones "autonómicas" ordinarias, puede acabar desdibujando nuestro verdadero objetivo: decidir convertirse en un nuevo Estado.

Por eso, ahora más que nunca hace falta que nos empapemos del "hacerlo bien, para hacerlo posible." Y eso quiere decir sentido de trascendencia, rigor, generosidad y movilización. Mirar adelante y no mirarnos de lado. Explicar y seducir con datos, propuestas y certezas -que son y muchas- y no alimentar desconfianzas.

Hoy, cuando algunos quieren pensar que las fuerzas nos fallan, tenemos al alcance de nuestra mano el verdadero primer peldaño de una escalera que ciertamente es de subida. Este es un viaje lleno de dificultades y de algunas incertidumbres, claro está. Todo camino nuevo tiene siempre. Parafraseando a Paco Candel, avanzamos firmemente hacia una bondad incierta que nos permitirá abandonar una certeza indeseable.

Y es en contraposición a los maestros del desánimo, que somos muchos los que mantenemos tan vivas como aquel 8 de abril la ilusión, la convicción y la determinación. Con una diferencia que todavía las hace más grandes : hoy ya sólo dependemos de nosotros mismos, del cómo lo hacemos y de lo que decidimos votando.

Creo modestamente que este septiembre tenemos al alcance dar el paso definitivo para instalarnos en el campo base que nos tiene que permitir atacar la mayor cima de nuestra historia. Enorme privilegio, enorme responsabilidad.