Los herederos

 08/06/2016 00:44 | Actualizado a 08/06/2016 01:42

Después de las elecciones, Convergència y PSOE pueden encontrarse con lo que los médicos llaman amablemente “pronóstico reservado”. De los socialistas hablaremos otro día. Apuntemos ahora tan sólo cuál puede ser su triste dilema, si la hipótesis del sorpasso se confirma: el del asno de Buridan. Tan convencido estaba el escolástico Jean de Buridan de las posibilidades ponderativas de la razón, que unos adversarios suyos imaginaron un apólogo en el que la razón, descrita como un asno, queda paralizada entre dos necesidades idénticas. Situado entre un comedero de grano y un cubo de agua, el asno moría de inanición, incapaz de decidirse entre el hambre y la sed. He ahí el PSOE, si queda tercero. Si da el gobierno al PP, regala su espacio de izquierda a Podemos. Pero si da el gobierno a Iglesias, regala su espacio de centro. Ni puede apagar la sed, ni puede satisfacer el apetito.

El caso de Convergencia también es de confusión. Sus problemas son debidos, no solo a la familia del fundador, sino al fervor con el que Mas ha confundido táctica y estrategia. En mi Empordà natal, aquel propietario rural que, por amor al lujo o a los juegos de azar, tenía que hipotecar sus tierras era llamado “hereu escampa” (derrochador). Conocí a uno. Heredero de un espléndido manso, vivía como un marqués. Nunca cavó una zanja. Para financiar su tren de vida, se dejó seducir por un empresario que le iba dejando dinero en plan de amigo. Cuando la deuda ya era enorme, el empresario cortó el grifo y se quedó la casa y las tierras. Ahora aquel manso es el Camelot de una gran familia gerundense (aunque este episodio nunca ha sido novelado).

La CDC de Mas ha ido dilapidando sus fincas electorales como un derrochador. En el 2012 se hipotecó a la estrategia de ERC. Lo hizo sin pensarlo mucho: el maquillaje independentista disimulaba bien la impopularidad de los recortes. Perdió 12 diputados (que ERC atrapó). Luego, temiendo la soledad, impulsó Junts pel Sí teóricamente para volar hacia la desconexión. Nuevas fincas electorales perdidas. Un instante después de aprobar el Parlament la declaración de ruptura (la que ahora el TC tumba agarrándose a una cuestión de forma), importantes convergentes ya demostraban que aquello que, para tantos catalanes de buena fe era épicamente estratégico, para ellos era teatralmente táctico. Un ejemplo: la declaración desafiaba al Estado, pero un minuto después Mas Colell, todavía consejero, decía que si había que pedir el dinero del Fondo de Liquidez Autonómica de rodillas, lo haría. Este juego les ha llevado a hipotecar valores esenciales de su partido (como propiedad y seguridad) a la CUP.

Anteayer Francesc Homs, mientras sus compañeros del gobierno negociaban in extremis los presupuestos, decía que la CUP no es de fiar. La frase contiene el mismo juego pero a la inversa: la estrategia presentada como táctica. No tardaremos en oír citas de Arthur Rimbaud para barnizar las puertas del partido refundado. El joven poeta regresó de una temporada en el infierno afirmando que la moral es la debilidad del cerebro.