Todos los caminos llevan al TSJC

09/05/2017 00:07 | Actualizado a 09/05/2017 02:36

Desde el Palau de la Generalitat o del Parlament, todos los caminos del proceso soberanista llevan al Tribunal Superior de Justícia de Catalunya. Declaraciones, juicios, interrogatorios sin respuestas… La experiencia de Carme Forcadell –más que circunspecta para su segunda cita judicial– y de los servicios de la Cámara garantizan que la hoja de ruta se cumpla como merece una nueva jornada histórica. Pero la de ayer no lo era.

La declaración de la presidenta ante la magistrada Maria Eugènia Alegret es un trámite más en una causa que se alarga en el tiempo y con la que ni siquiera el Gobierno de Mariano Rajoy sabe qué hacer. Eso sí, la gravedad del caso no es menor. Acusar a la Mesa de una Cámara ­legislativa de desobediencia y prevaricación por permitir un debate parlamentario es para muchos expertos un dislate jurídico que obliga a revaluar el artículo 71 de la Constitución. Una vez abierta la veda, la inviolabilidad parlamentaria merecerá un monográfico de la Asociación Española de Letrados de Parlamentos. Por lo que pueda pasar...

Y lo que pasó ayer entre el Parlament y el TSJC fue un acto político. La citación de Forcadell y la secretaria primera del Parlament, Anna Simó, activa lo que desde la Assemblea Nacional Catalana denominan “movilización continua” del independentismo, aunque sea de mínimos... Ahí van los argumentos: las citas con la justicia son en días laborables y hora punta en los accesos, ayer había huelga de metro en Barcelona, el viernes hay que volver para acompañar a Lluís Corominas
y Ramona Barrufet y las agendas institucionales comienzan a estresarse.

La comitiva institucional posó con Forcadell y Simó tras las letras de 'Democràcia' en el tramo central del paseo Lluís CompanysLa comitiva institucional posó con Forcadell y Simó tras las letras de 'Democràcia' en el tramo central del paseo Lluís Companys (Roser Vilallonga)

Así que la organización de las comitivas se profesionaliza y la movilización se contiene. El objetivo es que no parezca normal que las autoridades pasen por el TSJC ni que el acompañamiento se instituciona­lice. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, esta vez sí llega hasta la puerta del tribunal, algo que no hizo el día del juicio a Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau. Los condenados por el 9-N vuelven al TSJC formando parte de una nueva comitiva, mientras Francesc Homs –el lunes debe pagar los 30.000 euros de multa que le impuso el Supremo– opta por acompañar al juzgado al profesor Héctor López Bofill, investigado ahora por unos tuits contra el Poder Judicial.

Quince minutos de trayecto, sólo cinco más que los que indica Google Maps, de Palau a Palau por una nueva ruta: salida del Parlament con algún tropiezo, parada junto al Mamut de la Ciutadella para una foto de rigor, giro a la izquierda hasta el paseo dels Til·lers y ascenso por el centro de Lluís Companys y más fotos de familia tras las letras de una “democracia” en mayúsculas con el TSJC de fondo. La escena es la del final de una etapa de montaña de una vuelta ciclista en la que nadie disputa la victoria: los miembros de la Mesa investigados en la causa y el Govern casi en pleno –la de los consellers de Interior y Justícia, Jordi Jané y Carles Mundó, es una ausencia programada–, los tres expresidentes del Parlament, diputados independentistas y de los comunes; Gerardo Pisarelo ejerciendo de alcalde en funciones, los dirigentes de las entidades soberanistas, alcaldes… Un pasillo con un millar de personas –la Guardia Urbana subió la cifra a 2.000– al grito de “Ni un pas enrere”, “Fora, fora, fora, justícia espanyola”. ¿Es suficiente? “Aquí estamos otra vez y el viernes repetimos. La gente se cansará de nosotros”. La afirmación de quien acredita más de media docena de “acompañamientos” inquieta en las filas soberanistas. Porque no hay dos sin tres... Aunque sean breves.

Una hora y media escasa de declaración judicial sirve para gestionar las cuotas partidistas. Puigdemont y Mas salen de escena y empieza el nuevo reparto de papeles. Oriol Junqueras amortiza su periplo americano –alerta a Dastis: “Allí todo el mundo entiende el concepto de urnas y democracia y tienen absoluta simpatía hacia la causa catalana”– y cede los micros a Marta Rovira. ERC se adelanta 2-0. Después van del PDECat hasta Bildu. La portavoz, Maddalen Iriarte, puede ver “la cara que se nos quedaría a miles de vascos si Catalunya se independiza y nosotros nos quedamos en España”. Quizás la misma que a miles de catalanes con el último pacto del PNV.

Todo tiene su momento y vuelven los gritos de “Independència”. “Si a mí me hubieran dicho…”, le cuenta Joan Tardà a Pello Urizar .