Éxito

10/07/2018 00:04 | Actualizado a 10/07/2018 02:56

Quien quiera ver la botella medio vacía tendrá motivos sobrados. Es un hecho que Pedro Sánchez no contempla el debate sobre la autodeterminación; lo es que no plantea ningún compromiso con los presos y exiliados, y no tiene intención de rebajar la judicialización del conflicto; también lo es que desprecia las reivindicaciones catalanas cuando asegura que Catalunya tiene un “altísimo autogobierno”, sin en­tender su carácter de nación histórica, ni aceptar la evidencia de la recentralización; y es un hecho que venimos de una larga lista de políticos españoles con palmaditas en la espalda, sonrisa acogedora y estafa monumental. Todo lo que pongamos en el saco para ­demostrar que la noria no se ha movido será cierto y tendrán razón aquellos que consideraban que la reunión Torra-Sánchez era una pérdida de tiempo.

Será cierto, pero no lo será, porque este encuentro ha conseguido un éxito de gran importancia política: un calendario de encuentros y reuniones bilaterales para intentar deshacer algunos de los nudos del conflicto. Al tiempo, parece acordado que el PSOE retirará del TC las leyes catalanas de carácter social que el PP había impugnado, lo cual es de enorme importancia para el bienestar de los catalanes. Y de las conversaciones se pueden derivar cuestiones de profundidad que ahora están paradas, entre otras, infraestructuras básicas como el corredor mediterráneo.

Es evidente, pues, que si el objetivo del encuentro era la conversión de Sánchez a la autodeterminación –o de Torra al españolismo–, la reunión ha fracasado. Las posiciones no se han movido, en ambos lados, y si Torra se ha reunido con un líder español inamovible en la defensa de la unidad, Sánchez se ha reunido con un líder catalán ­inamovible en la defensa de la independencia. Pero se han reunido, se han respetado, han hablado de todo y han acordado seguir haciéndolo, y la conjugación natural de estos verbos es un éxito relevante después de años de política sustituida por la pura represión. ¿Qué pasará a partir de ahora? Habrá quien dirá que nos conformamos con las migajas, que después de la represión y sin solución para los presos y exiliados, no podemos aceptar el relato autonomista y que nada se puede hacer sin nuestra gente en la calle. Nuevamente, cierto. Pero también lo es que, sin bajar el listón del mandato del 1 de octubre, ni aceptar ninguna solución para los presos que no sea la absolución, es necesario que se haga política del día a día y que algunos de los grandes temas de país se resuelvan. Y mientras se resuelven los flequillos, las conversaciones pueden ­derivar en un marco donde encontrar salida a los grandes temas.

Quizás no sea así, o quizás sí, pero hay algo cierto: la política es como la inspiración, que puede hacer milagros, pero te debe encontrar trabajando. Si los puentes están abiertos, veremos qué pasa. Si están quebrados, ya sabemos qué pasa.