Del póquer al ajedrez

11/06/2018 00:32 | Actualizado a 11/06/2018 02:28

Clara Ponsatí, en una intervención por videoconferencia desde Escocia en un acto organizado por la delegación inglesa de la ANC, ha dicho que el desenlace del proceso se explica porque “estábamos jugando al póquer y jugábamos de farol”. Los reunidos en Londres aplaudieron entusiasmados con el resumen de la exconsellera. Ponsatí –que considera el partidismo la principal debilidad del proceso– añadió que se jugó al póquer “porque todo el mundo desconfiaba del vecino”, en alusión a la falta de confianza entre los principales actores del Govern en las horas decisivas. No es muy habitual que personas tan relevantes expliquen en público lo que hace días que se cuenta en privado. La anterior titular de Ensenyament está en sintonía con los sectores que –como la dirección de la ANC y la CUP– consideran que, el pasado octubre, el independentismo perdió “el momento” por falta de supuesto coraje. Estos sectores son ­críticos con el pragmatismo inherente a un gobierno autonómico, por muchos gestos “republicanos” que haga.

Ponsatí tiene razón cuando utiliza la metáfora del póquer, pero no la tiene cuando dice que “todos lo sabíamos”. Si se refiere a los miembros del Govern Puigdemont o a los dirigentes de los dos principales partidos independentistas, ellos sabían qué maniobra estaban llevando a cabo. Si la exconsellera se refiere a las bases del soberanismo, a la gente que había asumido un determinado relato, no sabían que la DUI era un farol. De hecho, uno de los grandes errores de la cúpula independentista es esta ambigüedad que se pone en evidencia: todo gira en torno a una declaración que, según quién la explica, es simbólica o es efectiva. En la práctica, se trató de una DUI ­retórica y triste, porque el gobierno que debía aplicarla desapareció.

Ponsatí aporta una brizna de verdad, pero hace falta más luz. Además de ser un camino de arenas movedizas que quería obligar al gobierno Rajoy a sentarse a la mesa de negociación, la DUI no se entendería sin la pugna descarnada entre Puigdemont y ERC sobre el horizonte electoral, la hegemonía en el soberanismo y el posible relato de “la traición” que se habría construido en caso de que el president hubiera dado marcha atrás y hubiera adelantado las elecciones. Por eso la DUI, al final, fue un certificado para salvar el gabinete Puigdemont de la acusación de traición. Los que advirtieron de aquella irresponsabilidad no se salieron con la suya. El precio que pagar por todo el mundo –empezando por los consellers en prisión o el extranjero– no es simbólico.

Al independentismo le conviene jugar al ajedrez más que al póquer. Ahora llega la hora del ajedrez, y se puede empezar una partida. Movimientos bien pensados, cabeza fría, estrategia, tiempo. Esto será duramente criticado por los nostálgicos de la vía unilateral. Jugar al ajedrez significa hacer política, más acción y menos gesticulación. Significa también explicar las cosas tal como son y no como gustaría que fueran.