Cuaderno de matices

13/06/2017 01:16 | Actualizado a 13/06/2017 03:13

El cronista está viendo, igual que todos los ciudadanos, los actos de la liturgia soberanista. Mientras se preparan estrategias y los ánimos se calientan, quizá sea útil ir anotando en un imaginario cuaderno los sobresaltos y los matices. Estas son, o me parecen, las acotaciones más relevantes de los últimos días:

1. El president Puigdemont siempre aparece rodeado de quienes le jalean. No se le ha visto con nadie que muestre una mínima discrepancia con él. El presidente Rajoy también tiene un coro de ilustres que repiten su doctrina. Cuando esos fenómenos de aislamiento del protagonista y desconocimiento del adversario se producen en política, ambos pierden visión del conjunto. El fervor de los forofos –y a veces la necesidad de comer– acaba por nublar la fuerza de los hechos y, sobre todo, de la razón.

2. El Gobierno central asegura que el referéndum nunca se celebrará. Nadie lo diría al ver la concentración del domingo. No fue representativa de Catalunya. Treinta mil personas sólo son una pequeña parte de la población de un país. Pero son demostración de poderío. Atención a la capacidad de movilización, que puede ser la respuesta al imperio de la ley.

3. Cada día que pasa, la demanda de referéndum se diluye más en la idea de independencia. El Govern se ha lanzado a una campaña de propaganda independentista, tanto o más que de defender el derecho a la libre expresión del voto, a favor o en contra. Tenga cuidado, Puigdemont: está dando la razón a quienes argumentan que sólo gobierna para una parte de la población.

4. Cada paso trascendente en la historia de un país tiene una dosis previsible de mentira y demagogia. Así ha sido siempre y así será, como quizá veamos hoy en la moción de censura de Podemos a Rajoy. Pero cuando se llega a decir que “no hay cárceles en España para encerrar a todo un pueblo”, no parece que se haya cuidado mucho ni el mínimo sosiego ni la mínima ponderación.

Y 5. Cuando unos carteles presen- tan a los defensores de la unidad de ­España como enemigos del pueblo ­catalán, no se contribuye a la concordia; se crea un clima de enfrentamiento que se sabe ­cómo surge pero no cómo puede ter­minar.