El cortejo entre Puigdemont e Iglesias

 Author Img DIRECTORA ADJUNTA
14/05/2017 00:22 | Actualizado a 14/05/2017 06:39

En puridad, los preceptos ideológicos que guían la actuación política del PDECat, herederos de Convergència, nada tendrían que ver con Podemos. Pero después de que Artur Mas promoviera la alianza con Esquerra primero y con una fuerza anticapitalista como la CUP después, poco puede sorprender que ahora Carles Puigdemont intente un acercamiento a Pablo Iglesias.

Nada más anunciar el líder de Podemos su intención de presentar una moción de censura, el presidente de la Generalitat le envió un mensaje de móvil felicitándole por la iniciativa, un gesto que fue interpretado por Iglesias como un posible apoyo en votos. Enseguida, los diputados del PDECat en Madrid se encargaron de hacerle llegar que esa no era la posición del partido, al menos no por el momento. Pero Puigdemont no se ha dado por vencido y ha telefoneado a Iglesias para insistirle en su voluntad de convencer al PDECat de que apoye la censura de Podemos.

Pablo Iglesias y Carles Puigdemont, durante su cita en el Palau de la Generalitat en abril del 2016Pablo Iglesias y Carles Puigdemont, durante su cita en el Palau de la Generalitat en abril del 2016 (Àlex Garcia)

Ese interés ha comportado que el líder de los comunes, Xavier Domènech, mantuviera una conversación con la coordinadora general del PDECat, Marta Pascal, y que se reunieran, el pasado jueves, diputados exconvergentes y de Podemos para tratar del apoyo a la moción de censura. Sin resultados concretos de momento, pero en un ambiente cordial. Dentro del PDECat, sin embargo, la moción de censura de Iglesias es una prueba para la frágil cohesión interna. Mientras Puigdemont y Mas pedalean en favor de esa alianza estratégica, la nueva dirección del PDECat, que intenta con denuedo marcar distancias con Esquerra y la CUP, contempla con mucho recelo un acercamiento a Podemos que vuelve a desdibujar su intento de definirse y fortalecerse como oferta ideológica de centro liberal, más allá del debate sobre la independencia.

Para Iglesias están claras las ventajas de convencer al PDECat para que apoye su moción de censura. El líder de Podemos intenta no quedarse solo con sus confluencias. Tiene casi garantizados los de nueve diputados de ERC, y sumar los ocho del PDECat le daría más aire. Basta con reafirmar en la tribuna su posición a favor de un referéndum, aunque Podemos defiende una consulta pactada, no unilateral. Pero la conveniencia de Iglesias puede chocar con la de sus socios de En Comú. ¿Por qué?

Porque las intenciones de Puigdemont son más aviesas. Para el president, la moción de censura es una oportunidad de completar su envolvente a los comunes, que ya inició con la constitución del Pacte Nacional pel Referéndum, al que logró incorporar a Ada Colau, ya que en principio esa entidad defiende una consulta pactada. Puigdemont quiere implicar al máximo a los comunes con el referéndum. De ahí que no le importe hacer un favor a Iglesias. Ya ha quedado con él para mantener un encuentro el día 22, cuando acudirá a Madrid para presentar su última oferta de diálogo al Gobierno de Rajoy. Puigdemont e Iglesias ya se han visto en varias ocasiones, en Madrid y en Barcelona, con intercambio de libros incluido, y se caen bastante bien. También por el mismo motivo, Puigdemont ha elegido unas dependencias municipales para esa conferencia, ya que en Madrid gobierna Manuela Carmena. Una elección que no es menor y que ya ha provocado una reacción furibunda en la capital.

Puigdemont está obsesionado con atraerse a los comunes. Son el peso decisivo que puede inclinar la balanza a su favor. Para que caigan definitivamente de su lado, confía en la “represión” que pueda ejercer el Gobierno del PP cuando se coloquen las urnas. Los comunes admiten que, pese a ser contrarios a un referéndum unilateral, tendrán que situarse al lado de Junts pel Sí según cual sea la reacción de Rajoy. En el plan trazado por Mas y Puigdemont, la probable imposibilidad de celebrar un referéndum con garantías debe derivar en una movilización popular que ponga contra las cuerdas al Gobierno central. Y, para ese objetivo, es esencial sumar las fuerzas de los comunes, crucial en Barcelona y el área metropolitana. Incluso en el caso de que el Govern sorteara todas las dificultades y lograra que el referéndum se celebrara, sólo la adhesión de los comunes permitiría lograr una participación que le diera la pátina de validez política. Por todo ello, no es de extrañar que en las próximas semanas asistamos a un interesado cortejo entre Puigdemont e Iglesias. Lo que la ideología ha separado bien puede unirlo la coyuntura.