Las otras comisiones

14/05/2017 00:22 | Actualizado a 14/05/2017 02:54

En el Parlament, hay comisiones de investigación por obligación, comisiones instrumentales y comisiones como elemento disuasorio del debate cuando no se encuentra solución. Las primeras son maleables en función de la mayoría que se imponga. Si la supuesta investigación parlamentaria sobre el caso Pujol no se puede evitar, se opta por el eufemismo y se crea una comisión sobre la corrupción y el fraude; si no se quieren correr riesgos con el lenguaraz exjuez Santiago Vidal, la comisión se finiquita antes de que empiece a trabajar; y si honestamente se asume que la comisión no es más que un altavoz político, se envía una invitación sin esperanza de respuesta a Mariano Rajoy por la operación Catalunya.

Las comisiones de investigación son un blandiblub con el que todos los grupos parlamentarios juegan en busca de un beneficio propio sin que el objetivo de la convocatoria importe. Después del “ustedes tienen un problema y se llama 3%” de Pasqual Maragall en el 2005, la comisión de investigación de turno no halló indicios de pago de esas otras comisiones, por mucho que algunos se cuelguen ahora medallas.

Luego están las comisiones legislativas. Tradicionalmente era el lugar donde encallaban los proyectos –ahí está las once legislaturas negociando una ley electoral catalana–, pero en este mandato se han convertido en arma arrojadiza en la relación ambivalente entre el PDECat y la CUP o al servicio del proceso independentista. De la mano de los anticapitalistas se pueden aprobar miles de enmiendas de la oposición a los presupuestos para castigar al Govern o ventilarse de un plumazo el solemne procedimiento para la reforma del reglamento que permita una desconexión exprés.

Pero hay más. Si se toma como referencia la resolución aprobada en el último debate de política general, el Parlament debía crear en el 2016 una comisión de seguimiento para el impulso, el control y la ejecución del referéndum; y otra de expertos internacionales. Ni rastro. O sí. El que sigue y no consigue la CUP volviendo a convertirlo en exigencia para sus socios independentistas.

Carles Puigdemont encontró en la fórmula del Pacte Nacional per al Referèndum no sólo la manera de retener temporalmente a los comunes, sino también el escudo necesario que permite al Govern avanzar en los preparativos de la consulta mientras se mantiene abierta la puerta falsa a un pacto sin las fanfarrias que exigen los cuperos. De hecho, el president ha mantenido a pan y agua informativos a consellers y dirigentes del bloque independentista, y el secretismo alimenta fábulas (o no), como que la última versión de la ley de transitoriedad incluye marcas para identificar una filtración. Lo que ha montado Puigdemont son comisiones concéntricas. El president y Junqueras son el punto de encuentro de los trabajos de técnicos como Carles Viver-Pi Sunyer, Josep Maria Reniu y Victor Cullell, entidades soberanistas y políticos en papel de asesores. Y concéntricas no quiere decir iguales. Hay codazos reivindicando galones. “Ni de lejos estamos al mismo nivel”. Porque entre los ex hay cosas que no se olvidan.