Normalidad frente a excepcionalidad

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14/11/2017 00:35 | Actualizado a 14/11/2017 03:44

Ahora que todos los partidos han dibujado su estrategia electoral para situarse de cara a las pró­ximas elecciones, ya se puede aventurar que la decisión de voto se orien­tará en dos direcciones: reparar las con­secuencias de la DUI y de la puesta en ­marcha del artículo 155 o seguir perpe­tuando la excepcionalidad política. En el lado a favor de regresar a la normalidad política, se aprecia el deseo y el esfuerzo de la mayoría de los partidos para conseguir que todos los detenidos puedan ser excarcelados. Observamos que la lista de país deja paso a que cada fuerza política se presente por separado, mostrando un paisaje político más rico y real. Y existe la motivación de plantear las elecciones como el primer paso para alcanzar la normalidad democrática.

En el lado de la excepcionalidad, la candidatura bonapartista de Carles Puigdemont desde el PDECat, pretende plantear las elecciones como una batalla entre el gobierno legítimo de Catalunya y aquellos que quieren arrebatarle el poder; y así arrastrar a ERC y a la CUP en su planteamiento político. Un planteamiento político peligroso, pues implica plantear que una parte de la sociedad necesita un líder que trascienda la normalidad política hacia una visión trascendental que le permita cruzar todos los límites. El error al proclamar la república no debería saldarse con más proclamaciones para seguir alimentando una visión política bonapartista de la política a golpe de populismo, referéndums y liderazgo carismático. Una concepción política que se debe denunciar pues pretende convertir la excepcionalidad, con propuestas como Junts per Catalunya, en desautorización de las leyes.

Las equivocadas decisiones realizadas por el gobierno de la Generalitat en la anterior legislatura muestran hasta qué punto las elecciones plantean en esta Catalunya tambaleante, desdibujada y extremadamente frágil, si todas las fuerzas políticas tendrán por fin el valor de construir una imagen nueva de Catalunya, y si están dispuestas a definir un programa político que dé prioridad a alcanzar la normalidad institucional por la vía del acuerdo, pactos y la capacidad de diálogo. Las elecciones a las que han sido convocados todos los catalanes deberán dirimir si seguir fabulando ­sobre la creación de la república catalana o alcanzar de nuevo la normalidad demo­crática que proyecte a Catalunya hacia el futuro.