Un potente destello

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 15/02/2016 01:06 | Actualizado a 15/02/2016 04:34

Entre dos oscuridades, un destello. Vicente Aleixandre escribió que sabemos adónde vamos y de dónde venimos, y entre una y otra referencia, una luz más o menos imperceptible. Dos misterios y una certeza.

El destino es un potro ingobernable, que nos conduce allí donde quiere. A menudo, es tan caprichoso que invita a rebelarnos. ¿Contra quién? Contra la esencia de ese misterio que nos sitúa bajo el foco y cuando empezamos a disfrutar de ese momento de reconocimiento nos deja a oscuras sin avisar, como para recordarnos nuestra condición humana. Muriel Casals sufrió un accidente absurdo, casi delante de su casa. La atropelló una bicicleta que, por una vez, iba por su carril, a una velocidad moderada y pasaba en verde. Un mensaje en el móvil, una distracción, un instante imprevisto y se hizo de noche. No parecía nada grave, pero en la caída se golpeó en la cabeza. Han sido días inciertos, en que los médicos lo han intentado todo. En la madrugada del domingo, se paró el corazón de la diputada Muriel Casals, uno de los personajes que más protagonismo han tenido últimamente en la política catalana. Como presidenta de Òmnium Cultural, fue una de las impulsoras del proceso independentista en su vertiente cívica, hasta ser situada en tercer lugar de Junts pel Sí, ganadora de las elecciones.

Vino al mundo en Aviñón (Francia) a causa del exilio familiar. Fue militante del PSUC (y luego de IC), pero siempre simpatizó con el soberanismo por la influencia del historiador Josep Termes. De haber nacido dos siglos antes, podía haber disputado a Madame de Condorcet su capacidad de compaginar su elegancia en los salones con su simpatía por la revolución, al tiempo que su lucha por la inclusión de la mujer en la sociedad. No volveremos a oír su voz calmada ni a contemplar su mirada directa. Era una dama que, incluso discrepando, invitaba al diálogo.