Vivir en la utopía

16/12/2017 02:40 | Actualizado a 16/12/2017 02:40

En contra de lo que los independentistas nos quieren vender, los problemas económicos de traslado de sedes y domicilios fiscales, caída del turismo y del empleo e inversiones no se deben a la aplicación del artículo 155 por el Gobierno, a las cargas policiales del 1 de octubre o a los encarcelamientos de los políticos que contravinieron las leyes de las que democráticamente nos hemos dotado, sino a la fallida declaración unilateral de independencia y a la inseguridad jurídica derivada del ­procés y de su culminación con la supuesta puesta en marcha de la república catalana agravada, además, por el insólito “paro de país” del 3 de octubre.

A la vista del impacto negativo sobre la economía y las posibilidades de ­empleo que ha causado y está causando la utopía de la independencia, sería lógico pensar que las encuestas referidas a las próximas elecciones del 21 de diciembre descalificaran a los partidos que han protagonizado el proceso empobrecedor. Pero ello no es así, y las encuestas nos dan un semi­empate técnico. Esto sería curioso si no fuera por la propaganda masiva de épica independentista y victimista respecto a Madrid que circula.

¿Es que el electorado no ve el daño que se le está haciendo a la economía catalana –que hasta ahora iba bien, aunque con problemas– si se persiste en la utopía de la independencia?

Un importante empresario que ha deslocalizado su gran empresa fuera de Catalunya me decía que no iba a revertir el movimiento, pues “bastantes problemas tenemos hoy con la revolución tecnológica y la competencia mundial como para tener el ¡ay! en el cuerpo cada vez que haya elecciones regionales o municipales”. Más tranquilos estaremos, me decía, fuera de esta Catalunya en que hay muchos que manifiestan sin ambages que no tienen intención de respetar las leyes como reza mucha de la propaganda electoral independentista tan llena de mentiras como la que hizo inevitable el –como ahora se ve– muy costoso Brexit.

Seguir con proyectos ilegales disruptivos de nuestra convivencia con el resto de España nos aparta de Europa y nos va a conducir a una situación de irrelevancia y de conflicto permanente que no puede ser bueno ni siquiera ­para los que estén dispuestos a seguir viviendo en la utopía de que si Catalunya fuera independiente esto sería jauja.

La racionalidad económica nos dice que no conviene votar, el próximo ­jueves día 21, a los partidos del proceso independentista, que han traído inseguridad jurídica y están ahuyentando inversiones, lo cual es malo para crecer y para combatir el desempleo y la precariedad.