Cuando los partidos son sólo un matiz

16/12/2017 02:40 | Actualizado a 16/12/2017 02:40

Naturalmente que sólo son encuestas. Naturalmente que sólo sirven si las urnas las confirman. Y naturalmente que no se pueden usar como diagnóstico definitivo. Pero, como dice el tópico, son la foto de un momento. Y las fotos tomadas ayer desde las estaciones espaciales demoscópicas confirman lo que veíamos a ras de tierra: dos Catalunyas. Es la división ideológica y política que estalla en los debates electorales. Y es ya la división sentimental que impresiona en las conversaciones privadas. Sí, hay dos Catalunyas: la que, de acuerdo con su intención de voto, no está dispuesta a renunciar a la independencia, cualquiera que sea el precio que pagar, y la que entiende que no hay vida fuera de España ni de la Unión Europea. Ninguna novedad. Lo que harán las votaciones del próximo jueves será cuantificarlas. Después vendrá lo más difícil: demostrar que ambas pueden convivir.

Primera conclusión de esas fotos aéreas: nunca se había visto tan clara una división por bloques, incluso con esa deformación temporal del “bloque del 155”. Los partidos se pelean entre sí. Esquerra asiste alarmada al crecimiento de Junts per Catalunya. JxCat quiere derrotar a Esquerra para legitimar a Puigdemont. Ciudadanos quiere derrotar al PP y al PSC para dominar la franja constitucionalista. El PP quiere frenar a Ciudadanos para que no le quite los escaños de Lleida, de Girona o de Tarragona y se lo regale a la CUP por el reparto de restos de la ley D’Hont. Y el PSC asegura que no hará presidenta a Arrimadas. Todos a la greña, pero la sociedad ha repartido el territorio: dos bloques. Lo demás existe en esta convocatoria, pero se queda en matices. No hacen falta los programas, porque el personal ya redactó el suyo: irse de España o quedarse. Las siglas sólo son tonalidades.

Segunda conclusión, no extraída de las encuestas, sino del ambiente: hoy por hoy esos bloques o frentes son irreconciliables. En debates y discursos no he visto un solo punto de conexión, porque los objetivos son radicalmente opuestos. Y, si fuese posible una coa­lición transversal que superase el ­frentismo (un gobierno de ERC, PSC y Catalunya en Comú), determinada prensa se encargaría de hacerla indeseable. Ya lo está haciendo, antes de cazar al oso.

Y tercera conclusión: todo es posible. Es posible que surja una mayoría estable o el castigo de repetir elecciones. ¿Y saben lo que les digo? Que eso casi es lo de menos. Creo que lo importante empieza a ser, vuelve a ser, que el poder central entienda que el independentismo sigue ahí y que el independentismo entienda que media Catalunya quiere pertenecer al Estado español.