No ha pasado nada


17/01/2018 01:12 | Actualizado a 17/01/2018 03:50

La viralidad de las frases absurdas de Rajoy, con sus ve­cinos y robots y el resto del material humorístico que ­corona su dialéctica, es un fenómeno parecido al de Trump, que también ­tira de pensamiento elaborado. En general, se trata de expresiones incomprensibles que han alegrado las chácharas de los sufridos ciudadanos, encantados de poder reírse de tal nivel intelectual. Sin embargo, hay veces que la cosa no hace gracia. De hecho, nunca debería hacer gracia un pre­sidente que maltrata con tal saña la ­semántica. Pero, en fin, si no hay buenas noticias, que haya buenas risas. Y nos reímos, nos reímos hasta que la cosa se pone seria y maldita la risa que da lo que dice.

Por ejemplo, ante la junta directiva de su partido, donde se explayó con lo de Catalunya en términos inquietantes, y no tanto por las ideas que proyecta, de sobras conocidas, sino por la frivolidad con que trató la gravedad del asunto. Decía Rajoy sobre el 155 que “a pesar de que era un artículo para no aplicarse”, resulta que “se ha aplicado y no ha pasado nada” porque “la vida continúa”. Casi parecía un mal tango, pero lo cierto es que era la palabra del hombre que había orquestado la agresión más importante contra las instituciones catalanas desde los tiempos del franquismo. ¿Qué significa que “la vida continúa”? ¿Cómo puede considerar que “no ha pasado nada” cuando ha cesado a un gobierno legítimo y a su Parlamento, ha impuesto unas elecciones de forma arbitraria y abrupta y ha protagonizado el momento de violencia contra la ciudadanía más importante de la democracia? ¿Cómo puede decir que “no ha pasado nada” y que “la vida continúa” cuando tenemos a líderes democráticos en la cárcel, a nuestro presidente en el exilio y una amenaza de treinta años de prisión para los líderes de millones de catalanes? ¿Cómo se puede ser tan chulesco, o tan frívolo, o tan inconsciente, como para considerar que esto no ha causado una herida profunda, una desestabilización gravísima y una situación caótica que, por supuesto, no augura tiempos fáciles?

Sería de esperar, dentro de lo poco que se espera, que después de perpetrar la agresión tan brutal del 155 contra una nación tranquila, que intenta resolver pacíficamente su conflicto territorial, un presidente se mostrara algo incómodo, quizás hasta triste, dada la dimensión de la acción. Pero Rajoy está por encima de trascendencias, encantado de haberse conocido, sacando pecho ante sus dirigentes, colegas y palmeros al estilo “a por ellos”, como si el 155 fuera un gol de Champions y no un acto político de extrema gravedad. Nada, él feliz, porque “no ha pasado nada”. ¿Qué se esperaba, una revolución? ¿Aún no se ha enterado de que el malestar catalán es más hondo que nunca, aunque no alce barricadas? Y para rematar, amenaza con mantener el 155 si Puigdemont es investido. Es el trumpismo a la española, chulesco, prepotente y antipolítico.