Quo Vadis?

17/07/2018 00:38 | Actualizado a 17/07/2018 01:20

La nueva situación creada, a raíz del llamamiento que ayer hicieron Puigdemont, Torra y Jordi Sànchez, obliga a algunas preguntas incómodas. Al fin y al cabo, se trata de dos presidentes y del líder emblemático de la ANC, tres liderazgos indiscutidos que, junto con Junqueras, conforman el tetravirato del independentismo. Si estos tres líderes, y especialmente Puigdemont, encabezan un nuevo movimiento, que nace con el compromiso inequívoco de asumir el mandato del 1 de octubre, conseguir la máxima unidad y hacer efectiva la república, es evidente que se avista un terremoto en el independentismo. Y de este pronóstico nacen las preguntas impertinentes que el independentismo debe hacerse, al menos el que deriva de JuntsxCat y del viejo mundo convergente, ahora subsumido por el PDECat.

De golpe, las tres cuestiones fundamentales. Primera pregunta: ¿este movimiento, con clara vocación política y electoral, puede prescindir del PDECat, si el partido no está en sintonía? Segunda: ¿en paralelo, el PDECat se puede permitir prescindir del mo­vimiento creado para Puigdemont y de su potencia electoral? Y tercera, la más espinosa: ¿el movimiento de Puigdemont puede ir de la mano de un PDECat liderado por Marta Pascal, abiertamente contraria a la idea de la ruptura republicana y favorable a las tesis del viejo convergentismo? La cuestión no es menor, considerando el congreso del fin de semana, que puede intentar enmascarar las diferencias que hay entre Pascal y Puigdemont, pero que son una bomba de tiempo que, o estallan ahora, o lo harán en el peor momento. En el trasfondo de todo, la dialéctica entre la idea de partido clásico y la idea de gran movimiento al estilo del ­Scottish National Party, y la relación complicada y/o envenenada entre el PDECat y el universo Puigdemont.

Mirada la situación de más cerca, las dos primeras preguntas tienen respuestas contrapuestas: es evidente que Puigdemont se puede permitir prescindir del PDECat, porque es él y su entorno quien tienen la fuerza electoral, el liderazgo moral y la fuerza en la calle. Pero, un partido siempre representa una estructura organizada, una capacidad operativa y unos derechos electorales, de manera que no parece la mejor opción para el movimiento que ahora nace. Por otro lado, es también evidente que el PDECat no puede prescindir de Puigdemont, si no quiere convertirse en una estructura residual, fuera del nuevo momento que vive Catalunya. Asumida esta necesidad mutua, la tercera pregunta viene cargada de pólvora: ¿puede ser Pascal la persona que lidere un PDECat en sintonía con el movimiento de Puigdemont? Sólo, si se quiere falsear una realidad tozuda: Pascal no cree en el mandato del 1 de octubre y no está para iniciar la república. Entonces, ¿cómo se puede casar un PDECat hacia atrás y un Puigdemont hacia adelante? No se puede, de aquí que la decisión sobre Pascal será la más importante que se tome este sábado...