Autonomías agotadas

17/10/2017 01:16 | Actualizado a 17/10/2017 05:33

Se dice mucho –sobre todo en Catalunya– que el Estado de las autonomías está agotado. La última persona a quien se le escuchó esta necrológica por una de las mayores novedades del llamado “régimen del 78” fue a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Ignoro si se trata de una perspectiva exclusivamente aplicable a Catalunya o se trata de justificar el conflicto catalán con la generalización del problema y su extensión a toda España. De momento, esa opinión política no coincide con la opinión popular, pues todas las encuestas hablan de una notable satisfacción social con el sistema y, como mucho, apuntan a una revisión de competencias con tendencia a buscar más igualdad. Es decir, más café para todos.

Ahora bien: el debate está ahí. Será el eje de la comisión parlamentaria que Pedro Sánchez ingenió y, sorprendentemente, fue aceptada por el presidente Rajoy. Y será, por lo mismo, una de las cuestiones centrales de la reforma de la Constitución que Mariano Rajoy también se aviene a estudiar. Si resolviese el conflicto catalán para unas décadas, ya sería un grandísimo, seguramente histórico, resultado. Pero seamos realistas: ni los partidarios de la secesión de Catalunya están por una modernización del Estado de las autonomías, porque eso sería aceptar la permanencia en España, ni los unionistas más convencidos están por “premiar” (ese es el verbo utilizado) a una clase política que promueve la separación.

Y la gran cuestión: suponiendo que el Estado de las autonomías esté efectivamente agotado, ¿por qué se le sustituye? ¿Por aumentar el autogobierno? En algunas comunidades difícilmente cabe más. ¿Por recentralizar competencias? No sería aceptado, como el PP sabe muy bien. ¿Por reconocer el derecho de autodeterminación? Creo que por ahí van los tiros. Pero el señor Rajoy y los expertos que consultamos los periodistas repiten cada día que ningún país democrático acepta la autodeterminación; incluso niegan que exista ese derecho. Conclusión personal: aceptaré la teoría del agotamiento cuando se concrete por qué y cuál es la alternativa. Mientras tanto, limitemos el diagnóstico a Catalunya. Y, por supuesto, las propuestas de solución.