‘Saqueadores’ y ‘privilegiados’ por un voto ANÁLISIS

 19/06/2016 01:46 | Actualizado a 19/06/2016 04:14

Tres días antes de unas elecciones en Catalunya, José Luis Rodríguez Zapatero prometió ante 20.000 simpatizantes socialistas que apoyaría la reforma del Estatut que saliera del Parlament de Catalunya. El PSOE veía en esos comicios su primera oportunidad para imponer el relato del cambio y la “España plural”. Pasqual Maragall alcanzó la presidencia de la Generalitat y Zapatero se mudó a la Moncloa cinco meses después gracias a los diputados logrados por el PSC. Hoy el Estatut es la ley orgánica más desacreditada y el candidato del PSOE no se la juega en Catalunya. Se la juega, sin más.

Los socialistas catalanes han pasado de ocupar el Palau Sant Jordi a ver desbordadas sus modestas previsiones con la aparición de unos 3.000 seguidores ayer en La Farga de l’Hospitalet. De ser un poderoso “partido hermano” del PSOE a aliado incómodo según los ojos del barón territorial con que se mire.

Pedro Sánchez lanzó su primera candidatura a la presidencia con un mensaje de concordia hacia Catalunya, tomó la bandera de la reforma de la Constitución perfilada por Alfredo Pérez Rubalcaba, y se plantó en el Palau de la Generalitat para evidenciar su capacidad de diálogo, primero con Artur Mas y después con Carles Puigdemont. Pero el proyecto de avanzar hacia un concepto de Estado federal se limitó a un “siquiera mínimamente” en su primera oferta para un gobierno de cambio. En diciembre, Sánchez abrió y cerró la campaña en Catalunya y los socialistas perdieron seis escaños, así que ahora, con un mitin basta. Lo justo para proclamar que no se puede gobernar España “sin estima” hacia Catalunya y lanzar un compromiso de defensa de la “singularidades” catalanas.

El discurso del candidato socialista queda lejos de la zona de confort del catalanismo que representaba el PSC de Pasqual Maragall y que ha ocupado de un plumazo En Comú Podem reivindicando incluso la figura del expresident. La convocatoria de un referéndum suscita en Catalunya un apoyo superior al 75%, tal y como indica la encuesta de La Vanguardia, y Podemos ha logrado defender su estrategia sin costes territoriales en las urnas. Si se le añade la confesión de que la consulta en Catalunya no es una línea roja, el balance del coste beneficio es más que positivo. Lo que de verdad dispara las alarmas es la financiación autonómica, así que los podemistas esconden esa carta y alimentan la “plurinacionalidad”.

La debilidad interna de los socialistas no permite una nueva definición del modelo de Estado ni de un sistema autonómico de financiación justo. Menos aún en una campaña en lo que está en juego no es sólo la llave de un futuro gobierno, si no el liderazgo de un partido en caída libre. El PSC ha intentado mantener el tipo un argumentario propio y la defensa de un pacto a la barcelonesa entre socialistas y Podemos. Hasta que topó con Susana Díaz, sus intereses y ansias de poder.

El ataque a Catalunya es un atractivo caramelo sin costes añadidos, pero denota impostura e incapacidad. El actual sistema de financiación se aprobó con Zapatero en la Moncloa y los “privilegios” sitúan a Catalunya en el furgón de cola autonómico tras la nivelación. El instinto de supervivencia ha guiado la réplica de los socialistas catalanes. Saben que si pierde Sánchez, gana Susana Díaz, y no hay hermandad que valga cuando tu familia (política) te sitúa en el bando de los saqueadores y privilegiados por un puñado de votos.