2013 0226. El PSC ¿sí puede?

La Vanguardia

POLÍTICA

El PSC ¿sí puede?

Isabel García Pagan

El tiempo suele dar dulces salidas a amargas dificultades. Y así, han tenido que transcurrir más de tres décadas para estar en condiciones de vislumbrar una posibilidad factible de ejercer el derecho a decidir del Partit dels Socialistes de Catalunya. Sin calendario a la vista para la convocatoria de una consulta por la autodeterminación catalana incluida en el pacto de gobernabilidad de CiU y ERC y con al menos cinco derroteros por los que vehicular el futuro de Catalunya sobre la mesa, todas ellas amenazadas por el Tribunal Constitucional, el PSC de Pere Navarro se plantea por primera vez el camino de en medio: la proclamación unilateral de su derecho a decidir qué votar en el Congreso al margen de la tradicional autoimpuesta disciplina ideológica del PSOE.

No lo consideraron oportuno en el 2006 los entonces 25 diputados del PSC en Madrid en defensa de la integridad del Estatut. De hecho, José Montilla fue el primero en anunciar enmiendas en el Congreso al texto forjado en el Parlament. Ni en defensa de la propuesta de pacto fiscal, incapaz el PSC de apoyarla en su integridad en Catalunya para satisfacción del PSOE. Nada. Ahora el PSC más débil consuma la autodeterminación de los 14 diputados en el Congreso para reivindicar el diálogo entre la Generalitat y el Gobierno español sobre una hipotética consulta. Un envite de CiU e ICV, que permite rescatar -por la puerta grande- a los socialistas catalanes del bloque del 'no' en el Parlament. Multas aquí para los cinco diputados que no cumplieron la disciplina de voto del PSC, multa allí para los que no obedezcan la del PSOE, con el aliciente de certificar dónde ubica Carme Chacón su corazón partío.

Con la desconfianza a flor de piel, más aún tras la inesperada propuesta de Navarro de abdicación del Rey, e inmersos en la obligada necesidad de dar la batalla en la calle contra la pérdida de confianza y de credibilidad social, PSOE y PSC -¿compañeros, hermanos?-, hace tiempo que se perciben el uno al otro como principal enemigo político.

La unidad de las formaciones políticas acostumbra a mantenerse al calor del poder, con expectativas electorales halagüeñas e identificado claramente el contrincante común. Pero se torna quebradiza cuando se emprende el descenso en tromba a los infiernos de la oposición, las luchas personales acaban por imponerse al debate ideológico y los casos de corrupción socavan la credibilidad del proyecto... Acaba por instalarse el convencimiento, confirmando encuesta tras encuesta, de que los partidos políticos no mueren de muerte natural, sino que se empeñan en el suicidio. Y en ese proceso siniestro, mantienen a cada uno bajo vigilancia permanente del otro. Con o sin Método 3.
Comments