La Vanguardia

Momento Rubalcaba

Romper es muy fácil; se hace en un minuto, pero sus consecuencias son imprevisibles

Fernando Onega


Dios, cómo entiendo la angustia socialista! ¡Y cómo compadezco a Alfredo Pérez Rubalcaba, el gran sufridor de esta agonía! Todo le cae encima, y todo de forma cruel. Nunca falta un portavoz, un tertuliano, un crítico interno, que atribuya todas las desgracias a su pérdida de liderazgo o de autoridad. Hoy es el líder cercado: si los diputados del PSC votan de una determinada forma en Catalunya, se debe a que no le obedecen. Si el PSC rompe la disciplina de voto en Madrid, es por lo mismo. Si Alfredo se muestra tolerante, aparecen los barones que piden la ruptura. Si se muestra intransigente, será el PSC quien rompa los vínculos. Y, por si faltara algo en el cuadro, Rajoy le ha cogido gusto a replicar a sus críticas con el reproche de las conspiraciones internas.

Ahora, partido y líder viven un momento crucial. ¡Que rompa con el PSC!, le exigen desde Guerra a Leguina, que quizá sea en lo único en que coinciden en los últimos treinta años. ¡Carme Chacón empieza la carrera para sustituirle!, diagnostican los analistas. Y en el cuerpo de la militancia se hacen todas estas reflexiones: no pintamos nada aliados con un partido que apoya la autodeterminación de Catalunya; esa alianza no nos permite mantener un único discurso en toda España; sufrimos una sangría de votos por indefinición ante el desafío soberanista; Pere Navarro ha dejado de ser un socio de fiar, porque nunca sabemos a qué atenernos con él...

¿Sabéis lo que encierra todo esto? Que la idea del discurso uniforme es un triunfo del PP; que el federalista PSOE no ha sabido crear en su gente una cultura distinta de la unidad de España, si es que la tiene; que fuera de Catalunya resulta muy difícil entender que haya ciudadanos que quieren pronunciarse sobre su continuidad en el estado español, y que la Catalunya política tampoco entiende el sentir y las necesidades de los políticos, incluso compañeros de militancia, que trabajan en Madrid. Desde esa falta de entendimiento, quizá de comunicación, el choque es inevitable. Ya se produce todos los días.

En ese panorama, quienes ofrecen más muestras de sensatez son las personas que pueden competir en el futuro por el liderazgo: Pérez Rubalcaba y Carme Chacón. ¿Se imagina alguien que Rubalcaba hubiera cedido el martes a la presión de quienes le empujaban al cisma con el PSC? ¿Se imagina alguien que Chacón, empujada por algún españolismo sobrevenido, se apuntara a la corriente de rupturista? Romper es muy fácil: se hace en un minuto, pero sus consecuencias son imprevisibles. Lo que tienen que hacer es definir un punto de encuentro, porque, de lo contrario, sus votantes, hartos de tanto sinsentido, los mandarán a hacer puñetas. Y un levísimo apunte: ¿por qué el Congreso debe instar "al Gobierno a iniciar un diálogo con el Govern", como dice la resolución? ¿No tendría que ser el Govern el de la iniciativa, dado que es él quien plantea el derecho a decidir?