2013 0403. Un saco lleno de monedas

El Periódico

Ernest Folch

Editor

Un saco lleno de monedas

La partida catalana está a punto de entrar en su fase decisiva. Hace unos días nos entretuvieron con el aperitivo de la reunión nada secreta entre Mas y Rajoy y con la introducción sibilina del concepto «diálogo». Se generaron entonces todo tipo de disquisiciones sobre si hablar es renunciar o discutir es retroceder, un episodio más de las eternas y laberínticas discusiones que se dan habitualmente en nuestra casa.

Mientras nos distraían con lo superficial, se estaba cocinando el plato principal, donde está la miga de verdad. Y es que el domingo se filtró por fin la perversión temida: el Gobierno español está dispuesto a mejorar la financiación de Catalunya si se abandona definitivamente la aventura del soberanismo. Que para que nadie se lleve a engaño se traduce así: dinero a cambio de liquidar la consulta. De momento, es solo un globo sonda, una idea lanzada al aire como quien no quiere la cosa, pero nadie en Madrid parece tener prisa por matizarla ni mucho menos por desmentirla.

En esta moderna reinterpretación de los asedios medievales que está ejerciendo el Gobierno de Rajoy, se consumió la primera fase del asalto a la fortaleza catalana mediante la vieja táctica de ahogar y desanimar a la población inocente que ya pasa hambre intramuros. Apretadas durante meses las tuercas hasta el punto máximo de dolor, toca ahora relajarlas un poco, observar la reacción y ofrecer la claudicación condicionada. Ya hace tiempo que dentro del castillo, y en el mismísimo círculo del rey Mas, no solo el caballero Duran sino algunos de sus consejeros, trabajan subterráneamente con el asaltante para poder hizar un día la deseada bandera blanca. Dentro de las murallas, corre el rumor que está a punto de llegar una oferta para poner fin al sufrimiento. Si se consuma, Catalunya se enfrentará a un dilema colosal, y por cierto muy catalán, puesto que se verá si se confirma por enésima vez la odiosa regla que dice que todo tiene un precio, concretamente el de renunciar al sueño de decidir por uno mismo y perder la libertad a cambio de un plato de lentejas.

En este diabólico juego de espejos en que se ha convertido la partida del soberanismo, con la oferta de rendición se pondría también a prueba la resistencia de la vieja España, para nada dispuesta a ceder ni un solo milímetro, como dejaron claro al cabo de pocas horas la comunidad de Madrid y la de Andalucía: la rendición catalana solo es posible si es incondicional.

El momento estelar

Las puertas del castillo están a punto de abrirse y al otro lado aparecerá de un momento a otro un saco lleno de monedas de oro. Será el momento estelar del drama shakespeariano que estamos viviendo, y váyanse preparando porque el debate será de los que hacen época. Tocará entonces escoger entre los principios o las monedas.

A ver si por una vez los catalanes no caemos en la trampa.

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