Internacional

El mundo y la independencia en palabras de Alex Salmond

"Escocia es Escocia, Catalunya es Catalunya"

Edición impresa Internacional |La Vanguardia | 27/11/2013 - 00:00h

Rafael Ramos
Glasgow. Corresponsal


La palabra Catalunya es en principio tabú para Alex Salmond y para todos los mandamases del SNP. Sólo la mencionan si se les apunta con una pistola. No quieren saber nada de comparaciones -esas comparaciones que le encantan a la prensa- salvo si hay mucha confianza de por medio, o en el más estricto de los off the record. Los funcionarios del Gobierno escocés tienen instrucciones de evitar el tema, porque tienen mucho que perder y poco que ganar.

"Catalunya es Catalunya y Escocia es Escocia. Lo que hace Madrid lo hace Madrid, y lo que hace Londres lo hace Londres. Por supuesto que seguimos con enorme interés lo que pasa en España con respecto a las aspiraciones independentistas catalanas, y algunas actitudes del Gobierno central digamos que nos sorprenden. Pero no estamos en condiciones de opinar al respecto, sería inapropiado", comenta un alto funcionario del SNP.

Alex Salmond es un político extraordinariamente hábil y diplomático, quizás el mejor que hay en toda Gran Bretaña, que no deja nada a la improvisación o a la casualidad. Dice lo que quiere decir, y no dice lo que no quiere decir. Respecto a Catalunya, le encantaría que se celebrase un referéndum y ganase el sí (tiene magníficos contactos con las fuerzas soberanistas), pero no quiere realizar on the record comentarios que puedan ser malinterpretados. Si concede entrevistas, suele ser para hablar en términos generales sobre su visión del mundo y de Escocia.

Eso no quiere decir que el primer ministro escocés no hable a veces largo y tendido con representantes de la prensa extranjera, o que no puedan intercambiarse oficiosamente unas cuantas frases con él al final de actos como el de ayer en Glasgow, o el viernes pasado con ocasión de una gala para recaudar fondos. Sus argumentos son siempre coherentes, y sus posiciones están bien articuladas.

Salmond piensa que el referéndum del año que viene no está perdido, aunque los partidarios de la unión lleven una clara ventaja en las encuestas. Está convencido de que puede ilusionar al 15%-25% de indecisos que todavía hay (muchos de ellos clases medias y trabajadoras afectadas por la crisis), persuadirlos de que no han de hacer caso a las amenazas tremendistas de Londres, y de que con la independencia saldrían ganando.

"Para triunfar hemos de hacer tres cosas -dice Salmond-. Primero, demostrar que somos un Gobierno competente, en el que confíen los votantes al margen de ideologías o del partido que apoyen, y creo que en un mandato y medio lo hemos conseguido; segundo, dejar claro que somos capaces de entender los problemas de Escocia (como el alcohol o el sectarismo, por citar un par de ejemplos), y de lidiar con ellos, y tercero, levantar el listón de la ambición, para que más y más compatriotas dejen de conformarse con el statu quo y quieran un futuro diferente".

El líder del SNP llama a las cosas por su nombre. "Nadie tiene que convencerme a mí de que Escocia es el país más maravilloso del mundo -afirma-, ni de que puede sobrevivir perfectamente como una nación pequeña. Pero eso no quiere decir que sea perfecto. Ningún país es perfecto. Todos tienen sus circunstancias y sus limitaciones". En el caso escocés, cree que Londres ha cometido un error al negar la posibilidad de una segunda opción en el referéndum, la de una mayor autonomía, porque mucha gente la habría votado.