La recuperación industrial catalana

Editorial | 05/07/2014 - 00:00h


Dos mil quinientos empresarios catalanes se reunieron ayer en el auditorio del Fòrum, en Barcelona, para escuchar a Artur Mas, presidente de la Generalitat. Había, entre ellos, alguna de las grandes figuras del sector en Catalunya, y también muchos pequeños y medianos empresarios. El presidente Mas hizo ante todos un decidido llamamiento a la recuperación industrial de Catalunya. Porque, a su entender, la base del relanzamiento económico tiene que ser la industria. Y, para que no cupieran dudas sobre su determinación, añadió que en el plazo de seis años, en el 2020, la industria debería aportar el 20% del producto interior bruto catalán. Por su parte, Felip Puig, conseller de Empresa i Ocupació, desarrolló en parte el programa de recuperación industrial del Govern, elaborado con la colaboración de 1.700 firmas, cuya puesta en práctica está prevista para el mes de septiembre. En él se reconocen siete sectores estratégicos, en los que la presencia catalana ya es relevante, como son los de la alimentación, la energía, los sistemas industriales, las industrias basadas en el diseño, la movilidad sostenible, las industrias de salud y las industrias creativas y culturales.

El acto de ayer permite, ciertamente, una interpretación en clave política. Mas reunió a una amplia representación del empresariado y eso siempre puede anotarlo en su haber, o presentarlo al menos como una muestra de apoyo a su plan de recuperación. En especial después de que, con anterioridad, figuras muy destacadas de la esfera empresarial catalana expresaran sus objeciones, de modo inequívoco, ante el proceso político que se desarrolla en Catalunya. También es obvio que la disponibilidad de la administración catalana para apoyar monetariamente políticas industriales es limitada: los recursos del Govern son, en este sentido, una cuarta parte -alrededor de 100 millones de euros- de la cantidad disponible en la época del tripartito. Ahora bien, nada de ello debería servir para ocultar el mensaje de más largo aliento que subyace en el acto convocado por Mas: Catalunya es un país con vocación industrial.

Nada nuevo bajo el sol, ciertamente. La crisis ha demostrado, por si hiciera alguna falta, que los países con una base más sólida son los que cimientan su economía en el sector industrial. Cuanto más diversificada, innovadora, capaz de producir valor añadido y competitiva es en su conjunto una industria nacional, más posibilidades tiene el país de capear las coyunturas adversas. En el caso catalán, además, la tradición industrial es de hondas raíces, se manifiesta claramente desde la primera mitad del siglo XIX y convierte pronto a Catalunya en la fábrica de España... Dicho esto, el mensaje de Mas es muy pertinente en tiempos de crisis, en los que el tejido industrial catalán ha sufrido desgarrones, y en los que muchos empresarios catalanes se han quedado en el camino; algunos, de larga historia familiar; otros, más jóvenes, tras haber intentado sin éxito emprender el vuelo. Los percances han sido cuantiosos, pero el futuro del país está en todo caso en la reindustrialización, a pequeña, mediana y gran escala. Se trata de abrir mercados y ganar terreno (como ha hecho por ejemplo, según informamos en esta edición, Cata, la firma catalana a punto de hacerse con Fagor). Y se trata, en suma, de internacionalizar el campo de acción de nuestra industria y, si es posible, contribuir a la creación de multinacionales de matriz catalana.