EL ÓRDAGO POR EL ESTADO PROPIO

El proceso, segunda parte

El éxito del 9-N ha retornado a Mas el crédito del que gozó hasta el batacazo electoral del 2012

Junqueras se mantiene firme en no aceptar la lista única, aunque dulcifica el tono hacia el 'president'




XABIER BARRENA / FIDEL MASREAL / BARCELONA

DOMINGO, 30 DE NOVIEMBRE DEL 2014

Mas, en el tren cremallera de acceso a Vall de Núria, donde ayer presidió la ceremonia de acción de gracias con motivo de la concesión al santuario del título de basílica menor.

La noche del 9-N, cuando era evidente que el proceso participativo era un éxito, Artur Mas decidió salir ante los medios de comunicación locales y, especialmente, internacionales, para recoger el fruto de dos turbulentos años de esfuerzo por recuperar el crédito perdido en las elecciones de noviembre del 2012. El 9-N marca el retorno del presidente de la Generalitat a la situación en la que estaba antes de esos comicios. El minuto cero. Y, por extensión, marca el inicio de la segunda parte del llamado proceso soberanista. Una segunda parte en la que el multilateralismo que presidió la primera fase ha desaparecido. Mas ha cogido las piezas blancas. Y ha movido.

Hace mucho tiempo, tanto como un mes, cuatro fuerzas decidían de manera pautada y acordada qué hacer. De esas cuatro, una se ha perdido por el camino: ICV-EUiA. Las otras dos se hallan agarradas al palo de mesana aguantando el temporal, sobre todo mediático, que acompaña al 'huracán Mas': ERC y la CUP.

Tras el sucedáneo de consulta del 9-N, se ha instalado la voz de que al independentismo le falta medio millón de votos para vencer. La solución que Mas aportó el pasado martes para lograrlos es una lista única entre CiU y ERC (junto a la sociedad civil) con un único punto programático: la independencia. Ni una palabra de regeneración ni de discurso social. Es más, el 'president' exige que esta lista obtenga sola la mayoría absoluta en las elecciones. Faltan 500.000 votos y Mas, además, se permite tildar a unos 200.000 electores que puede obtener la CUP como de guinda al pastel. Es decir, confía en que la lista CiU-ERC-sociedad civil consiga 700.000 papeletas más de los que se consiguieron el 9-N.

REGLA JESUÍTA / Teniendo en cuenta que las cotas de movilización en las áreas más sensibles al nacionalismo se situó el 9-N en niveles de elecciones municipales, y, por tanto, el crecimiento posible es escaso, cabe suponer que Mas espera un incremento exponencial del voto en el área metropolitana. El más sensible, a su vez, a un discurso social. Si existiera. Huelga decir que ERC apuesta por todo lo contrario. Doble candidatura -triple, con la CUP-, bajo el mismo epígrafe común, al modo italiano. Y con referencias explícitas a la lucha anticorrupción y contra la pobreza para evitar fugas hacia otras fuerzas de izquierda. La actitud de Oriol Junqueras, hasta ahora y seguramente en su esperada conferencia del próximo martes, sin embargo, sigue la regla jesuítica: Suaviter in modo, fortiter in re. Es decir, suave en las formas, puesto que Mas es, ahora mismo, mediáticamente poco menos que intocable, pero enérgico en el fondo, en la oposición.

Convergència da por hecho que habrá otras candidaturas independentistas -la de la CUP será una de ellas-, pero mantendrá la presión para que Esquerra entre en el juego de Mas. En el Govern se apunta que si bien hasta el 9-N la candidatura conjunta era condición sine qua non para ir a las urnas, ahora ya no tanto.

Respecto al contenido única y exclusivamente independentista de esta lista, no hay que ser un gran estratega para deducir que a CDC, aquejada de la aluminosis de la corrupción y gestionando el Govern de los recortes en un contexto de paro y desigualdad, evitar debates sociales le supone todo un balón de oxígeno. Con todo, la batalla de fondo, según explican destacados dirigentes de CDC, es el programa. Un programa que Mas plantea netamente secesionista, pero evidentemente abierto a negociar con el Estado en cualquier momento del proceso, tal como el 'president' afirmó el pasado martes. Tras las elecciones legislativas del 2015, sin duda el mapa político español será otro y los más pactistas en CDC confían en que entonces será más factible un acuerdo.

ESTRUCTURAS DE ESTADO / En cambio, ERC quiere asegurar al máximo que Mas -con quien ha crecido la desconfianza tras su renuncia a la consulta original- hará todo lo necesario para caminar hacia la independencia, creando estructuras de Estado con o sin el aval de la legalidad española.

Y ahí radica el choque frontal: Mas ha dejado claro públicamente que durante 18 meses Catalunya «seguirá dependiendo del ordenamiento jurídico español». Los republicanos no ven posible armar un Estado bajo la tutela de otro y, hasta la fecha, siguen proponiendo una proclamación inmediata de la independencia.

Con todo, después de la conferencia del martes, de lo que ha hecho causa ERC es de la multiplicidad de listas bajo un título común. Ese silencio último sobre la DUI inmediata es el que ha provocado cierta alegría en CDC, que defiende la «plausibilidad» para justificar su gradualismo. Es decir, que plantear ilegalidades de entrada alejará del independentismo a quien todavía no está decidido a entrar en esta senda.

LA PIRUETA DE DURAN / ¿Y Unió? Diputados democristianos del Parlament hacen llegar el mensaje de que seguirán a Mas, y no a su líder, Josep Antoni Duran Lleida, si este se desmarca de la lista unitaria. Duran puede acabar asumiéndola, con piruetas como la de afirmar que el programa electoral del 2012 no era independentista, pese a que cita 26 veces que el objetivo es un «Estado propio» para Catalunya. Y puesto que la confederación -estadio último a alcanzar para Unió- requiere previamente que Catalunya sea un Estado, la pirueta sería posible.