Contigo no empezó todo

 21/02/2016 01:19 | Actualizado a 21/02/2016 02:24

Gracias, Tribunal Constitucional, contigo empezó todo”. La frase de Carles Puigdemont vale para la evolución electoral del soberanismo pero no por la suspensión de la Conselleria d’Afers Exteriors. La batalla entre los gobiernos de la Generalitat en política internacional ha sido constante en el tiempo e intermitente en su intensidad y los enfrentamientos semánticos, estéticos y de gestión. El Estatut y la Constitución establecen el terreno de juego: el Gobierno dirige la política exterior y la Generalitat asume la proyección de Catalunya y promover sus intereses en el extranjero. Pero la práctica, más o menos afortunada, tiene por destino el Constitucional.

Jordi Pujol fue president al tiempo que ministro de exteriores con capacidad innata para la photo opportunity. Normalizó el trato de jefe de Estado en el extranjero, con cápsula de coches de seguridad y sirenas cruzando desde El Cairo hasta Varsovia, y banderín con la senyera en el frontal del vehículo. Otra cosa es que soslayara la denominación Generalitat en sus audiencias para que no lo confundieran con el presidente de una aseguradora.

Con permiso de la senyera y la institución, la bandera más eficaz de Catalunya es la actividad económica. Las exportaciones catalanas representan hoy más del 25% de las españolas y crecen casi dos puntos por encima de la media. Por eso las oficinas de promoción comercial fueron el primer paso en 1982 y el origen del combate estratégico. A las oficinas comerciales se sumaron las delegaciones y los cargos han transitado de la dirección general al comisionado, hasta la conselleria. En el 2003, el conseller en cap de la Generalitat, monsieur Artur Mas, le premier ministre, anunció en Montreal su compromiso electoral de crear una cartera de Relaciones Exteriores. El candidato Mas no llegó al Govern, y el relevo de CiU por la alianza de PSC, ERC e ICV rebajó el tono de la aspiración, pero no evitó la concatenación de choques. En el 2005 una cinta con la bandera española fue discretamente retirada de una corona de flores con la que Pasqual Maragall y Josep Lluís Carod-Rovira homenajeaban a las víctimas del Holocausto en Jerusalén. Un funcionario de la embajada la guardó en el bolsillo de la americana. Sobre la rojigualda se había rotulado “Generalitat de Catalunya”. “Un accidente…”. Una corona de espinas tomó el relevo.

Luego llegó la comisionada de Exteriors y hasta el pasaporte diplomático español para Carod y el president José Montilla. Y en el 2010, vuelta a la promesa de Mas de crear una Conselleria d’Exteriors que fue engullida por la falta de presupuesto, hasta hoy. Material de consumo interno con un último capítulo semántico.

El recurso del Gobierno sostiene que usar “asuntos exteriores” en lugar de acción exterior, fórmula en la que se parapeta Puigdemont, tiene “trascendencia jurídico-constitucional”. Y la “evidencia” –al parecer jurídica– es que “en el contexto político actual” el nombre de la conselleria es sospechoso e “introduce confusión” en la política exterior de España.

El resto debe estar muy claro…