Un día normal

21/12/2017 00:33 | Actualizado a 21/12/2017 03:04

Hoy es un día normal en democracia. Corrijo, es un día distinto del resto, porque hoy nos levantamos con hambre de urnas y votos, y la noche la pasaremos descifrando los detalles de un nuevo capítulo político. Sin duda, pues, es un día de lujo, incluso una fiesta, aunque, según los resultados, acabe como un funeral para algunos. Pero después de tantas votaciones, este día distinto, de lujo, esta fiesta, se ha convertido en otro día normal electoral, y esa normalidad es, sin duda, un éxito colectivo. Hoy, pues, es un día normal en democracia.

Un día normal. Aunque… no es normal que sean unas elecciones impuestas por un partido que nunca ha ganado una elección en Catalunya, y que el número de sus alcaldes, en más de 900 municipios, se acerque al cero. Tam­poco es normal que ese mismo partido haya destituido al presidente de Ca­talunya y su gobierno, y haya apro­vechado el impasse impuesto para tomar decisiones lesivas para los intereses de los catalanes. De manera que es un día normal en democracia, pero quizás no tanto.

Y sí, es un día normal. Aunque... no es normal que tres candidatos electorales estén en la cárcel, se les prohíba hacer declaraciones o entrevistas y se les castigue severamente porque han dado alguna de ellas. Como tampoco es normal que un candidato a la presidencia pueda viajar por toda Europa menos por su tierra, y tenga que vivir esta campaña a través de las redes y la tecnología. Puede que sea un día normal en democracia, pero no tanto.

Y claro que es un día normal. Aunque… no es normal que los votos no estén en situación de igualdad, porque algunos de ellos –y pueden ser los vencedores– no podrán ejercer sus promesas electorales, bajo amenaza de volver a ser destituidos. Es decir, no es normal que el partido menos votado en Catalunya amenace a las otras opciones con un nuevo órdago represivo si avanzan en sus compromisos. De manera que todos votaremos igual, pero no todos los votos tendrán las mismas oportunidades. Sin duda es un día normal en democracia, pero quizás no tanto.

Un día normal, cierto. Aunque… no es normal que se prohíba un color ­porque representa una protesta política, ni es normal obligar a sacar pan­cartas, ni censurar programas, ni llevar a periodistas a los tribunales por emitir opiniones, ni es normal que la censura se aplique con tanto desparpajo y poca responsabilidad. Ni todas las opciones han podido tener el mismo espacio ­para explicarse, ni todos los candidatos han podido ser oídos, ni el relato general, en la mayoría de micrófonos, ha ­sido ecuánime. Al contrario, tres opciones han sido demonizadas por doquier, y en un repique constante de campanas, se han anunciado las plagas de Egipto si ganaban. Sin duda es un día normal en democracia, pero quizás no tanto.

A pesar de todo iremos a votar con la esperanza de que, la próxima vez, este día normal en democracia vuelva a ser un día normal.