Los 87 millones de Zoido

22/01/2018 00:45 | Actualizado a 22/01/2018 07:47

La llamada operación Copérnico nos ha costado a todos los ciudadanos 87 millones de euros. La fuerza es cara, aunque se utilice contra civiles indefensos. La cifra la dio el ministro del Interior el jueves, ante la comisión correspondiente del Senado. Recuerden: se trata del despliegue en Catalunya de efectivos de la Guardia Civil y la Policía Nacional que llegaron durante septiembre y que el 1 de octubre actuaron porras en mano contra miles de personas, que pacíficamente querían votar y defendían los colegios electorales del referéndum. El Estado español ha gastado 87 millones para reprimir a golpes la celebración de una consulta que paradójicamente dijo que no había tenido lugar.

El consenso entre la buena gente de España sobre la necesidad de utilizar las porras contra catalanes que querían votar es más que amplio. Asumamos las cosas tal y como son. Por eso el PSOE y Cs apoyan al PP en este asunto y por eso no habrá comisión parlamentaria de investigación sobre aquella jornada. Este consenso social –vehiculado por la mayoría de los medios– explica la tranquilidad con que el ministro Zoido estrujó, desfiguró y fulminó la verdad fáctica del 1 de octubre ante sus señorías, sin olvidarse de lanzar las insidias habituales sobre los Mossos. La transcripción de las palabras del ministro debe conservarse: servirá para comprender muchas cosas que están pasando y algunos efectos diferidos. Zoido ha cometido un error colosal a efectos estratégicos: ha acusado de mentirosos a los mismos que han sido golpeados de manera brutal y no lo olvidarán. La huella del 1-O en Catalunya es una realidad política que ningún gobernante atento puede despreciar.

Casualidades de la vida. Me encuentro en Barcelona, al día siguiente del festival de Zoido, con uno de los grandes padres de la transición. No es ningún catalán, lo digo para evitar malentendidos. Es un hombre que mandó mucho. Lo saludo y, al saber que soy periodista, suelta una única idea sobre la situación de Catalunya: “Estamos ya muy aburridos en Madrid con todo esto”. Sonrío de trámite. No hay tiempo para diálogos profundos. Nos despedimos. Ha sido un saludo brevísimo, pero con un mensaje claro: las élites de Madrid están hartas de la crisis catalana. El mismo día, un prócer catalán de primer nivel admite en privado que, además de aburrimiento, hay una gran irritación en el Madrid de las palancas, supuestamente porque se dan cuenta de que el 155 y el 21-D no han eliminado “el problema”, como algunos vendieron.

Volvamos a Zoido. ¿Qué son los 87 millones en violencia considerada legítima? ¿Un gasto temporal inevitable o una inversión estratégica que veremos repetida en otros momentos? ¿Cuántos recursos está dispuesto a utilizar el Estado para bloquear cualquier solución pactada, para difundir posverdades y para incrementar el castigo sobre miles de personas que trata como un ejército invasor?