Dos meses decepcionantes

 20/02/2016 01:35 | Actualizado a 20/02/2016 11:03

En Catalunya se llegó a un acuerdo entre competidores por el poder, y hoy gobiernan Convergència y Esquerra en coalición. Y además, apoyados por la CUP. ¿Cómo se explica? Porque hay un proyecto común de construcción nacional. En Alemania gobiernan conservadores y socialdemócratas. ¿Motivo? Alemania tiene una larga y profunda tradición de pacto, que se practica en todos los órdenes de la vida pública. La coalición es el modo de gobierno en otras 22 naciones europeas. ¿Por qué? Porque hay partidos afines que se pueden entender y porque tienen un sentido pragmático, incluso patriótico, de la política.

En España se cumplen hoy dos meses de las elecciones generales. Sólo sirvieron para el protagonismo de Pedro Sánchez, para deteriorar a Rajoy y descubrir las intenciones de Podemos. No sabemos si darán como resultado algún gobierno, y el presidente acaricia la idea de volver a las urnas. Si así fuese, se habrían demostrado varias incapacidades españolas: la de la izquierda para aprovechar su oportunidad de hacerse con el poder; la de la derecha para encontrar aliados; la del españolismo para garantizar la gobernabilidad de los nacionalismos, por primera vez en democracia, y la de los grandes partidos constitucionalistas, no sólo para gobernar juntos, sino para que uno de ellos permita con su abstención un gobierno moderado.

Mariano RajoyMariano Rajoy (Marcial Guillén - EFE)

El balance de los dos meses no puede ser, por tanto, más decepcionante. Si en los próximos diez días, último plazo, se consigue algún acuerdo para formar mayoría, estaré encantado de desdecirme; pero será un pacto entre tantos partidos, marcado por tantas desconfianzas entre Sánchez e Iglesias, que es dudoso que sea estable y mucho más dudoso que tranquilice al país. Y, en todo caso, nacerá marcado por la obsesión de echar al PP, al margen de la dialéctica de la emergencia social. Es lo único que los une. En lo demás, hay muchas más coincidencias entre PSOE y PP que entre el PSOE y cualquiera de los que se sentarán en la “mesa a cuatro” ideada por Garzón.

¿Por qué ha sido imposible la gran coalición, si es lo único que daría confianza ante las incertidumbres económicas y que daría fortaleza al Estado ante desafíos como la desconexión de Catalunya? Por puro rencor. Primero, entre sus líderes: Sánchez no perdona a Rajoy que le haya llamado “insolvente”, y Rajoy no perdona a Sánchez que le haya llamado “indecente”. No se aguantan: el tiempo que dedicaron a hablar de la gobernación el 23 de diciembre en la Moncloa duró exactamente dos minutos. Segundo, entre los militantes: han sido demasiados años de ataques crueles para que ahora los socialistas acepten un gobierno presidido por Rajoy y los populares un gobierno presidido por Sánchez. Las direcciones de los dos partidos temen una sublevación de sus bases.

Ese es el resultado de tantos años de confrontación, incompatibilidad y electoralismo. Ninguno ganó un voto por esa actitud. En cambio, radicalizaron a la militancia, hicieron más difícil la convivencia y ahora facilitan la llegada al poder de los más radicales. Me parece de una responsabilidad que la historia va a exigir.