Del secreto a la pregunta incómoda

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 23/06/2016 00:36 | Actualizado a 23/06/2016 03:54

EN mitad del fragor parlamentario, el diputado conservador De la Bere pidió a sir Winston Churchill que definiera la diferencia entre un secreto y una pregunta incómoda, a lo que el primer ministro respondió: “Lo primero es un peligro para el país y lo otro una molestia para el gobierno”. El encuentro entre el titular de Interior y el director de la Oficina Antifrau en el ministerio es lo más parecido a un secreto, porque lo que no puede ser explicado es mejor que no suceda. Sin embargo, el común de los mortales hemos escuchado la conversación porque alguien se encargó de divulgarla mediante la web de un diario digital, en este caso a través de Público. No es exactamente un peligro para el Estado, pero su divulgación suscita desconfianza con las instituciones en unos momentos en que estas no pasan por su mejor momento. El ministro Jorge Fernández Díaz tuvo que contestar ayer preguntas incómodas a raíz del contenido de estas grabaciones, lo que siempre resulta un mal trago, como resaltaba Churchill, si bien además supone un golpe bajo a la persona. ¿Quién ha grabado las conversaciones del ministro en su despacho, cuando se supone que están especialmente protegidas? ¿Y quién ha divulgado diálogos que abordaban informaciones acerca de personas relevantes que fueron investigadas en los momentos álgidos del proceso independentista?

El director de la Oficina Antifrau de Catalunya está obligado a mantener el secreto de las indagaciones de su departamento, y el ministro del Interior, a no compartir datos que pueden dar a entender que participa en conspiraciones. Ayer arreciaron las denuncias de los partidos en el sentido de que la filtración descubre la guerra sucia contra el independentismo. La polémica se ha convertido en arma electoral tres días antes de ir a las urnas. Es imprescindible una explicación sobre qué ha pasado y por qué ha ocurrido. La democracia sólo se combate con más democracia.