EDITORIAL

De Alfonso ante el Parlament

Daniel de Alfonso, director de la Oficina Antifrau de Catalunya, compareció ayer ante la comisión de Asuntos Institucionales del Parlament...

24/06/2016 00:04 | Actualizado a 24/06/2016 02:44

Daniel de Alfonso, director de la Oficina Antifrau de Catalunya, compareció ayer ante la comisión de Asuntos Institucionales del Parlament. Había transcurrido apenas día y medio desde la divulgación de las conversaciones entre el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y De Alfonso, en las que ambos manejaron información sobre políticos independentistas catalanes, y familiares suyos, con el aparente ánimo de hallar elementos para desacreditar al soberanismo. Los hechos son muy graves, puesto que supondrían la utilización de instrumentos estatales con fines partidistas y métodos censurables. Todos los partidos políticos, salvo el PP, han pedido la dimisión del titular de Interior. No es de extrañar. Las revelaciones han tenido el efecto de un bombazo sobre la campaña del 26-J. Y han extendido un manto de sombra sobre la fiabilidad institucional.

Había, pues, expectación ante la comparecencia de De Alfonso, alimentada por la esperanza de que sirviera, al menos, para arrojar luz sobre el asunto. De que nos facilitara datos para responder a las dos principales preguntas que suscita este caso: ¿cómo es posible que estos dos altos funcionarios conversen sobre semejantes temas?, ¿cómo es posible que estas conversaciones se hayan difundido sin la autorización del ministro?

Lamentamos decir que De Alonso no aportó la deseada luz. Su prioridad no pareció ser tranquilizar a los ciudadanos, sino avalar su propia trayectoria. El tono de su defensa fue desafiante. De hecho, y a pesar de que son muchos los ciudadanos que ya se sienten defraudados por su actitud, se presentó como la víctima de un “juicio sumarísimo”. Plantó cara al conjunto de los diputados del Parlament, pese a que su cargo depende de este órgano, que ya tramita su destitución. Con la misma soltura con que se presentó como alguien valiente y digno, reprochó la conducta de los distintos representantes populares. “No sean hipócritas, todos ustedes se han reunido conmigo”, dijo. Y añadió que no piensa dimitir, que guarda fichas de esos encuentros y que de momento no va “a tirar de la manta”.

El propósito de la Oficina Antifrau es actuar contra las desviaciones ilícitas de fondos públicos y otras conductas irregulares de autoridades y funcionarios públicos. No parece que la labor de De Alfonso en ese terreno haya sido sobresaliente. Ni que el contenido de sus charlas con Fernández le enaltezcan. Ni que su actitud de ayer en el Parlament fuera la más apropiada. No acudió allí para avasallar a los diputados, sino para darles explicaciones. Y al no hacerlo vino a confirmar, de nuevo, que no es la persona adecuada para el cargo.