Todo por la foto


24/10/2017 00:43 | Actualizado a 24/10/2017 02:21

El repaso de algunos principios pudiera ser de gran ayuda en los momentos políticos que se están viviendo en Catalunya. Así, la cúpula del poder en la Generalitat pareciera no haber tenido en cuenta las pautas de Liddel Hart, quien en su Estrategia de la aproximación indirecta advierte sobre el punto culminante de la victoria, según el cual proseguir indefinidamente la explotación del éxito puede acabar transformándola en desastre. Porque el éxito nunca es interminable. Obsérvese, por ejemplo, lo que nos sucedió a la altura de 1921 en Annual donde el general Silvestre, ebrio de triunfalismo, invirtió la situación en extremo favorable alcanzada hasta lograr la catástrofe final. Es necesario tener bien aprendido cómo, también en política, una victoria nunca puede ser alcanzada a menos que estén bien definidos sus límites.

El caso es que buscando la proclamación incesante de la independencia exprés podríamos acabar retrocedidos y teniendo que empezar por la tarea de recuperar la autonomía intervenida. Además de que persiguiendo el horizonte de esa república idílica de Alicia en el país de las maravillas – fortius, altius, citius– podríamos encontrarnos sumidos en la autocracia para la que el fin justifica los medios y dispuesta a maldecir de la separación de poderes y de las libertades formales, concebidas como un lujo cultural por los equidistantes. Siendo así que todo merecería sacrificarse en aras del objetivo patrio de la construcción nacional, expresión que traducida al castellano sería el national building, el todo por la patria, a propósito del cual la viñeta de El Roto concluía que “una buena bandera lo tapa todo”.

En la Moncloa tampoco han leído a don Carlos Clausewitz para entender la necesidad de averiguar qué conflicto le estaban planteando y determinar con precisión dónde se encuentra el Centro de gravedad del adversario. Porque el campo de juego elegido por la cúpula ­dirigente de la Generalitat era el de la prensa internacional. El objetivo modesto era lograr la foto de la policía retirando las urnas y el coronel innombrable les ha regalado un álbum. Ahora el president Puigdemont, emulando a Ricardo III, daría gustoso su reino por la foto saliendo del Palau conducido por la Guardia Civil. Atentos.