Sigue el choque tras el 21-D

  • Rajoy y Puigdemont mantienen el pulso con el riesgo de cronificar la crisis catalana
Sigue el choque tras el 21-D
Mariano Rajoy analiza el resultado electoral en Catalunya (Oscar Del Pozo / AFP)
23/12/2017 00:46 | Actualizado a 23/12/2017 13:13

“No hay que precipitarse”. Las diferencias políticas son insalvables entre Carles Puigdemont y Mariano Rajoy tras las elecciones del jueves pero ese era el mensaje que se repitió en la sede del PP en Madrid y en la de Junts per Catalu-nya en Barcelona. La diferencia es que en el caso de Puigdemont, su equipo tiene que abandonar el local que han empleado durante la campaña en los próximos días. La sede de la candidatura del president cesado de la Generalitat era provisional pero en los próximos días su núcleo político tiene que afrontar decisiones que van desde el retorno o permanencia de Puigdemont, el futuro del “artefacto político” puesto en marcha para el 21-D y cómo avanzar a falta de ofertas políticas de Madrid.

Puigdemont estima que “España tiene un lío de cojones” –así de claro lo soltó en una conexión desde Bruselas con su equipo en Barcelona– y Rajoy quiere enterrar el 21-D lo más hondo posible, lo que comporta el riesgo de cronificar la crisis catalana. La debacle del PP catalán inquieta en la calle Génova pero el presidente del Gobierno mantiene el pulso con Puigdemont. Es más, incluso despreció la renovada mayoría independentista: “Con quien tendría que sentarme es con quien ha ganado las elecciones: que es Inés Arrimadas”.

elecciones generalitat autonomicas 2017elecciones generalitat autonomicas 2017 (Raúl Camañas)

Cs golpea dos veces (al PP)

La victoria electoral del jueves fue para Ciudadanos, pero Arrimadas ha optado por minimizar riesgos. Renuncia, de momento, a buscar apoyos para una investidura a la espera de los movimientos en el bloque independentista. No obstante, el partido de Arrimadas no espera sacar rendimiento inmediato de los 37 escaños logrados en Catalunya. La aritmética hace imposible una mayoría constitucionalista, pero sus diputados en el Parlament le permitirán reforzarse en Madrid. En el Senado podría lograr salir del grupo mixto y en el Congreso Albert Rivera convertirá su apoyo al PP en una tortura política para Rajoy. Los daños colaterales de la victoria de Cs alcanzan al corazón del PP más allá de Catalunya. Xavier García Albiol manifestó en la reunión de la dirección popular en Madrid que el partido debe plantear una “reflexión de futuro muy seria” e incluso manifestó su temor de que el auge de Ciudadanos ahogue al PP a la hora de hacer listas municipales para el 2019. La receta de Rajoy es invariable: “No hay prisa”, pero cunden los nervios.

El calendario lo activa Rajoy

“Corresponde al presidente de la Generalitat convocar, dentro de los veinte días hábiles siguientes a las elecciones, la sesión de investidura”. El límite es el 23 de enero pero con el presidente de la Generalitat cesado, el decreto de convocatoria lo firmará Mariano Rajoy. No obstante, la intención de la Moncloa no es forzar el calendario. Después de las fiestas navideñas, el equipo de Soraya Sáenz de Santamaría se pondrá en contacto con los grupos catalanes para consensuar una fecha. Los nuevos diputados pueden tomar posesión a partir del 6 de enero.

Diputados en la distancia

El procedimiento regulado por el art. 23 del Reglamento es puramente documental y no requiere de presencia física, a diferencia de lo que ocurre en el Congreso. Así que desde Puigdemont a Oriol Junqueras, los ocho candidatos en prisión o refugiados en Bruselas podrán tomar posesión del escaño. Otra cosa es que sus votos son necesarios para mantener la presidencia del Parlament en manos del independentismo. No obstante, está previsto que algunos de ellos no asuman el escaño, –también entre los exconsellers investigados por el Supremo que están en libertad bajo fianza–. El problema siguiente lo plantea una hipotética investidura de Puigdemont. “Habrá que buscar la manera de que pueda presentar y votar”, sostiene su equipo retando al Gobierno de Rajoy a “poner las medidas para garantizar los derechos políticos de diputados electos”. No hay plan B, sostienen, pero proliferan los aspirantes. La fecha límite para una investidura es el 6 de febrero.

Sin tregua institucional

Puigdemont ha pedido la libertad de los políticos presos y que se facilite su retorno desde Bruselas. De momento, plantea una reunión imposible con Rajoy en Bruselas u otra capital comunitaria excepto Madrid y “sin condiciones previas”. El president cesado se siente avalado por los resultados y espera una llamada de Rajoy. Por el contrario, Rajoy ha llamado a Arrimadas e intenta imponer el mensaje de que el independentismo “ha ido perdiendo apoyos desde el 2010, aunque menos de los que nos gustaría”. La única concesión de Rajoy es admitir que los partidos deben “ofrecer soluciones de gobernabilidad”, aunque su posición en la relación con Puigdemont no se mueve ni un ápice: Ofrece “colaboración para iniciar un diálogo constructivo, abierto y realista” pero no aceptará que “se salten la Constitución ni el Estatut”. ¿Puede facilitar el retorno del expresident desde la capital europea? “eso es cosa de la justicia”.

Socios unilaterales

La vía unilateral no sólo es la obsesión de Rajoy, sino también el problema de los independentistas. Con los imputados en la causa judicial del Tribunal Supremo en aumento, el compromiso de todos ellos ante el juez Llarena con el desarrollo de la actividad política dentro del marco constitucional se reafirmará. No obstante, las declaraciones ante el juez que pueden suponer la permanencia en libertad choca con la necesidad de elaborar un discurso político de los independentistas, plagado de inconcreciones sobre la nueva hoja de ruta. Las nuevas imputaciones pueden tensionar más las relaciones entre el PDECat y ERC, ya que el partido de Puigdemont se vio relegado durante los preparativos del proceso soberanista y ahora el tribunal les aborda por igual. 

La habitual guerra soterrada entre equipos aumentó durante la campaña y, aunque los republicanos se han puesto a disposición de Puigdemont para una investidura, la oferta no deja de ser un arma de doble filo porque no contempla un plan alternativo y el retorno del president cesado a Catalunya supondría su detención por orden del Tribunal Supremo.

Jordi Sànchez pide calma

En JxCat, Jordi Sànchez ha pedido desde la cárcel que se proceda con calma para no poner en riesgo el “artefacto electoral” que ha acompañado a Puigdemont. Por el contrario, en ERC se asume el techo electoral de la formación tras dos años con el viento a favor en las encuestas. Los republicanos han sufrido la ausencia de Oriol Junqueras pero en quince días de campaña han puesto sobre la mesa más incógnitas que certezas. Ahora el reto es mantener la unidad granítica del partido con su líder en prisión y la digestión pendiente de una oportunidad perdida frente a la antigua Convergència.

La relación con la CUP se gestionará con otro estilo. “Ya no son imprescindibles”, insisten en JxCat. Una abstención de los anticapitalistas es suficiente para investir un president. También se recetan calma en la relación con el PDECat. El partido de Puigdemont dio un paso atrás para favorecer la “lista del president” y ahora quiere sacar rédito de una marca electoral de éxito. La configuración del grupo parlamentario dará pistas sobre el reparto de poder entre el equipo de Elsa Artadi, jefa de campaña de Puigdemont, y el de Marta Pascal, coordinadora general del PDECat.