El partido de vuelta

24/12/2017 22:05 | Actualizado a 25/12/2017 03:22

No es una prórroga, es un partido nuevo. Utilizo la metáfora que ya utilicé durante la campaña: estamos en el partido de vuelta del proceso. Creo que los que lo han visto mejor son los dirigentes de ERC, a la luz de las declaraciones y los textos de Junqueras desde la cárcel y las intervenciones de Tardà; quizá Rovira ha jugado más a la indefinición utilizando la idea de “hacer República”, que quiere decirlo todo y no significa nada. La actitud de los republicanos sugiere un punto y aparte, para acumular fuerzas y ampliar la mayoría social. Una desaceleración del camino a la independencia, para gobernar y ganar autoridad y credibilidad, también ante los sectores que no están por la secesión.

ERC se pone el vestido pragmático de la vieja CDC mientras que la candidatura de Puigdemont debe aclarar qué y cómo concreta su victoria. Durante la campaña, JxCat dio a entender que la etapa que se abría el 21-D sería una prórroga del partido empezado el 27-S del 2015, análisis que coincidía –paradójicamente– con el de la CUP. Hay demasiadas variables nuevas para no aceptar de manera realista que el partido anterior acabó de forma abrupta, con una DUI triste, con represión y un 155 absolutamente inútil para los intereses del Estado.

Un viejo axioma de los spin doctors clásicos dice que las campañas se ganan con poesía, pero se gobierna con prosa. Los votantes catalanes han decidido –contra las previsiones erróneas de los estrategas de Rajoy y muchos medios madrileños– que quieren un nuevo gobierno independentista. La mayoría es clara, y el aumento de Cs no consigue romperla. A partir de esta evidencia, en el mundo independentista deben ponerse de acuerdo en tres aspectos, rápidamente: fijar una estrategia nueva a medio y largo plazo, establecer un alto mando efectivo de la nueva etapa y repensar los artefactos partidistas que hasta ahora han articulado –con luces y sombras– el proceso.

Estratégicamente, el independentismo debe asumir un hecho: tiene una gran mayoría social a favor, pero no bastante fuerza para reintentar caminos unilaterales; necesita tiempo y reconstruir algunas interlocuciones, principalmente con el PSC y los comunes (pero estos se autoexcluyen, para preservar a Colau, con la excusa de aplicar el cordón sanitario a Puigdemont). Sobre el liderazgo de la nueva etapa, no podemos engañarnos: todo está en manos de los jueces españoles. Por eso, todo lo que haga Puigdemont (tanto si regresa como si no) condiciona la estrategia y el relato del conjunto del independentismo, y no puede ser un simple movimiento táctico. Con respecto a los partidos, la aparición de JxCat reconfigura el espacio del soberanismo: da jaque al PDECat mientras avisa a ERC de que la versión local del Scottish National Party que quiere Junqueras no se podrá construir sin contar con la gente que dice haber enterrado –ahora sí– la herencia del pujolismo.