Silencio

25/01/2018 00:48 | Actualizado a 25/01/2018 03:31

Ni un solo matiz, aunque sea surrealista, del relato oficial sobre la cuestión catalana son capaces de cuestionarse los medios españoles?

Y no es pregunta retórica, porque realmente me impresiona esta desaparición del sentido crítico español, subsumido por un pensamiento único que ni presenta grietas ni se hace preguntas. Como si fuera en las épocas del blanco y negro, la versión oficial se deglute sin digerirse, con el ministro de turno convertido en jefe de informa­tivos.

Evidentemente, nadie es objetivo, ni en casa ni fuera, y el poder siempre tiende a influir; además, la absoluta mayoría de medios españoles están lógicamente contra el proceso catalán, y toman una posición militante al respecto. Pero incluso con estos supuestos aceptados, creo que no podemos tener recuerdo, desde la transición política, de un silencio tan abrumador, una aceptación tan global del relato oficial y una desaparición tan brutal de la crítica. Y los ejemplos son desproporcionados y diarios, de manera que es igual si la versión es creíble o esperpéntica, si es digerible o es una piedra imposible, si el medio es conservador o socializante, progre o derechista, es igual, sobre Catalunya se compra en paquete, se aplaude todo y no se cuestiona nada. A excepción de Catalunya, por el resto, Rajoy nunca había tenido una prensa tan complaciente, entregada y callada.

El último caso es para quitarse el sombrero y tiene que ver con los motivos para no detener a un peligroso delincuente que merece treinta años de prisión pero al que no se detiene cuando se puede porque quiere ser detenido, pero como no se detiene, se moviliza toda la policía, se blindan las fronteras, se vigilan las alcantarillas y se gasta una cantidad ingente de dinero, logística y esfuerzo para detener el peligroso delincuente que merece treinta años de prisión pero al que no se detiene cuando se puede porque quiere ser detenido. ¿Cómo es posible que, al minuto siguiente de la surrealista respuesta del juez, y a los dos minutos del ministro Zoido movilizando la caballería por montaña, mar y cloaca, las ruidosas tertulias de Madrid no estén destripando todo este despropósito? ¿Se imaginan la misma suma de hechos sobre cualquier otro tema? Quemaría el plató de La Sexta, se zurrarían las lenguas bífidas y en las radios de la progresía recortarían el bigote del presidente. Porque los periodistas españoles, muchos de ellos cultos e inteligentes, no comprarían nunca una barbaridad como esta.

Nunca, excepto si se habla de Catalunya. Entonces, se compra todo, cárceles preventivas delirantes contra líderes pacifistas, 155 aplicados de la manera más salvaje, fiscales pidiendo décadas de prisión por un conflicto político, e incluso la barbaridad de no intentar detener al capo di tutti capi de la revuelta catalana. Sobre la cuestión catalana, la prensa española ha desertado del periodismo. Lo sabe, y no le importa.