¡Atención!

26/07/2018 00:27 | Actualizado a 26/07/2018 02:48

Titulares recientes: un coche temerario atropella las 2.500 cruces amarillas de la plaza Major de Vic; dos ultras arrancan lazos amarillos mientras insultan a inmigrantes en Vic y gritan “Viva Hitler”; un joven se enfrenta a unas abuelas en Terrassa por llevar el lazo amarillo, mientras grita “Viva ­España”; un grupo de 15 fascistas intentan asaltar el casal popular Tres Voltes Rebel de Nou Barris, mientras tiran ladrillos y sillas contra la gente; el periodista Jordi Borràs es agredido presuntamente por un inspector de la bri­gada de información de la Policía Nacional, que continúa en su puesto; un hombre que arrancaba lazos ama­rillos en Lledoners golpea a otro ­porque lo grababa; una veintena de ­encapuchados arrancan cruces amarillas en Canet de Mar y hieren a cinco personas...

Y más allá, múltiples ataques verbales a personas con lazos amarillos, pintadas fascistas por todo el territorio y una violencia de baja intensidad que ha aumentado de manera exponencial en los últimos tiempos. El mismo ­Jordi Borràs denunció en un reportaje que sólo entre septiembre y diciembre del 2017 se habían cometido “ciento treinta y nueve incidentes violentos, ochenta y seis de los cuales, con agresiones físicas, que tenían como mo­tivación la defensa de la unidad de ­España”. Y todo relativizado y/o blanqueado con las declaraciones bené­volas de los dos partidos del espectro españolista.

¿Todavía se puede desmentir o relativizar el aumento de la violencia de corte españolista o directamente el aumento del fascismo en Catalunya? Lo pregunto a tenor de la respuesta de la Conselleria d’Interior, que ayer aseguraba que el fenómeno está controlado y va a la baja, lo cual no parece corresponderse con la contundencia de los hechos, ni con la alarma que expresan en privado muchos miembros de los Mossos dedicados a la lucha contra el fascismo. Si añadimos, además, que durante el periodo del 155 se impidió a los Mossos investigar a los grupos de extrema derecha (mientras eran ­desviados a investigar los CDR) y que, en consecuencia, no se sabe cuántos ultras y filonazis han venido a ­Cata- lunya, ni cómo están organizados, la alarma se dispara. Es posible que la conselleria considere prudente bajar la preocupación, pero también es ­po­sible que la prudencia nos haga ­con­fiados. El fascismo ha llegado a Catalunya, empieza a mostrar una cara ­violenta y ha puesto en la diana al ­independentismo.

Con esta realidad cada vez más inapelable, parecería necesaria una mayor contundencia, tanto en las acciones como en las declaraciones políticas. Por poner un ejemplo, ¿por qué no se ha personado la Generalitat contra el ataque que sufrió Jordi Borràs? Y, sobre todo, haría falta no diluir la denuncia de los hechos y hablar claro. No lo olvidemos: el fascismo es de naturaleza violenta y si empieza a violentar a nuestra sociedad, y sale impune, algún día podemos tener una desgracia.