¿Quién teme a Puigdemont?

27/01/2018 00:38 | Actualizado a 27/01/2018 03:22

Cabe agradecer al incombustible Rubalcaba su claridad a la hora de plantear la cuestión, porque con tanta manipulación del lenguaje la realidad se ha convertido en un espejismo. Ha sido tal la subversión que, en estos tiempos huracanados, se ha llegado a asegurar que el independentismo era peor que ETA, que las Diadas con miles de personas eran un golpe de Estado y que los líderes catalanes eran encarnaciones de Tejero. Y con el mismo desparpajo semántico se han camuflado como legalidades acciones del Estado que traspasaban todos los límites. Por todo ello, porque la subversión del lenguaje sobre la cuestión catalana es diaria y taimada, agradezco que el viejo lobo del socialismo español sea tan claro.

Dice don Alfredo, en los micrófonos de Onda Cero: “Ahora lo que estamos discutiendo es cuánto coste pagamos” para que Puigdemont no sea investido presidente de la Generalitat, y añade que el Ejecutivo “debe ser hábil en su estrategia para que el descrédito del Estado sea el menor posible”. Es decir, hay que parar al president por lo civil o por lo criminal, que diría el ínclito Inda, aunque le vaya la vida a la democracia en ello. Las cosas, pues, están claritas y se sitúan en tres parámetros: uno, que las fuerzas del Estado (es decir, PP, PSOE y Ciudadanos) impusieron unas elecciones con la única finalidad de que los catalanes no votaran lo que querían votar; segundo, que si osaban votar lo que querían votar, no les harían ni puñetero caso porque la democracia sólo sirve si les sirve a ellos; tercero, que harían lo que fuera necesario para impedir la imagen de restauración del Govern destituido, y ello pasa por impedir la investidura de Puigdemont. Con el añadido aclarado por Rubalcaba: que, si es necesario, habrá que pagar un coste en descrédito del Estado. Ergo, traducido: si hay que pisotear el Estado de derecho, que se haga, aunque el bueno de don Alfredo aconseja que se haga de una forma “hábil”.

En este punto, dos cuestiones: una, el miedo enorme que le tienen a Puigdemont, probablemente porque le reconocen su indiscutible liderazgo y ello quiebra sus planes de borrón y cuenta nueva. Además, Puigdemont rompe con la imagen que aún tienen en la retina del catalán Pujolet que no osaba retarlos y no saben por dónde cogerlo. Y el segundo punto, gravísimo: la cada vez más clara evidencia de que ha habido un pacto de Estado para acabar con el problema catalán, que pasaba por asumir pisotear el Estado de derecho en más de una ocasión. Por eso habla de “descrédito” Rubalcaba, y de “coste” por pagar. Y por esos mismo exige que se haga “con habilidad”. Es decir, repitiendo: por lo civil o lo criminal, pero que se note poco. El problema es que ya se nota todo y ni un Estado al unísono puede burlar eternamente sus propias reglas.

Amenazan a Puigdemont pero, en realidad, son ellos los que se sienten amenazados por el president.